Juan Carlos Rivera Quintana nació en una isla - en Cuba - y un buen día decidió salir de ella a mirar el mundo y buscar otros aires. Él quería alcanzar otros horizontes más personales e intelectuales y decidió construir su propia casa - su islaenpeso - y desde ahí presentar sus inquietudes periodísticas y literarias, sus crónicas de viajes, obsesiones y nostalgias. Acá, en esta geografía, sin mar cercano que lo aleje, se siente totalmente libre.
viernes, 10 de octubre de 2008
"Cada día", del cantautor cubano, Polito Ibañez, mi intérprete preferido.
Etiquetas:
Mùsica tradicional cubana
viernes, 3 de octubre de 2008
Herencia

Obra de la artista cubana, Belkis Ayón, de su serie "Siempre vuelvo"
“Camino del patíbulo, ha buscado su rostro
como quien busca el rostro de la muerte.
Culpable repite,
repetirá culpable una y otra vez
y el camino será más corto y el tiempo menos árido”.
Heriberto Sánchez Medina, en Hanging Judge
Cada día me parezco más a mis difuntos
me miro al espejo y noto la misma placidez
de la mirada de mi madre, su aire bohemio
y desnudo, casi rayano en la indiferencia;
también similar gesto con la boca
al que hacía mi abuelo, cuando camino de la vega
el sol le chamuscaba la piel y le extraviaba la mirada;
igual rubor en el rostro al de mi abuela, que
terminó sus días con un cáncer de tiroides
y en las noches, después de la aplicación del yodo radioactivo,
chamuscaba lucecitas verdes en la oscuridad
entre sus sábanas de lino almidonada y su nariz llena de humo
por la hornillo de carbón/
entonces ya era una aparición en pleno ascenso hacia la nada.
De mi padre conservo aún esa templanza y hasta cierto
aire circunspecto para mirar al enemigo e irrumpir
entre las reglas del juego de la competencia profesional;
también una fenotípica inclinación por el alcohol
hasta que la boca se aletarga y
no se distingue entre el consuelo de
una tibia sonrisa y una mueca de insensible hartazgo.
De mi bisabuela paterna, de origen canario,
guardo su percha, su etiqueta para las grandes solemnidades
su ironía como hacha corta cabezas contra los intolerantes
y hasta cierta cara compasiva ante la vulgaridad existencial.
De Juan Amador, mi abuelo paterno,
(gracias a los orishas y al marxismo leninismo),
no heredé ni un ápice, siempre fue un sádico con mucha plata/
que colgaba a sus hijos cabeza abajo de los árboles,
cuando por impericia no cumplían las faenas de la hacienda.
Quizás ello explique que su velorio fuera una fiesta y
sus hijos prepararán la gran repartija con sus autos/
era una forma de desquite, de liberación adolescente
de revancha caída del cielo/
se arrancaron un gran peso de encima,
cuando le incomunicaron en su caja de bronce.
De mi tío “Chito”, aquel que murió sin cabeza
cuando un machete haitiano le truncó la mirada
por una pelea de cercas corridas durante una madrugada
(en plena finca de Candelaria)
dicen que heredé semejante sangre para la lidia,
la misma posición filosa ante la desidia, igual lengua dura
y punzante para la pedrada.
Me contemplo y siento que soy un poco de todos/as
un grano de arroz, mecido por el estival soplo del sur
(donde abrevan pescadores)
un viejo árbol del pan que ya no ofrece frutos
un barranco oloroso y apacible por donde nadie cae/
un fantasma que - muy a su pesar - todas las
noches escruta su rostro, (que ya no reconoce),
frente a un enmohecido espejo
y persiste obstinadamente en dejar hablar al viento
la más severa compañía para las ànimas extraviados
sin consuelo.
3 de octubre 2008
(semana de mucha fatiga laboral)
jueves, 2 de octubre de 2008
POEMA SEMINAL

Obra de la artista cubana Belkis Ayón.
“No lo olvides, poeta/
en cualquier sitio y época (…)
siempre estará acechándote algún poema peligroso”.
De Heberto Padilla, “Dicen los viejos bardos”.
Quiero escribir un poema peligroso,
de esos que den vergüenza mostrar
que ruboricen a las pacatas damas con abanicos en las manos
y collar de perlas verdaderas para exhibir
a la hora del te y la canasta party/.
Escribiré una de esas obras subversivas, perturbadoras
y terroristas
que le pondrán los pelos de punta a los señores de bien,
a esos que usan excelentes trajes parisinos y fueron
educados en pulcras escuelas british/.
Mi cuartilla olerá a rancio, a mierda, a humedad seminal, a latón de basura,
a detritus, derramará un líquido sospechosamente amarillento e impúdico,
de esos que arrugan las manos y hacen de las noches en soledad
la mejor compañía.
Me propongo escribir un poema imprecatorio esta noche/
no me importara que quien lo lea sienta un calor menopáusico,
que baje su libido y le haga regurgitar con olor a comida enlatada
y a almendras danesas.
Diré la verdad sin cortapisas/sin simulaciones,
sin metatextos semánticos
ya no tendré pelos en la lengua/ lanzaré contra todos
mis resentidas diatribas y mis malsanos discursos/
como escupitajos
y después me iré a dormir/ a soñar tranquilamente con mis mejores lances
y embestidas eróticas.
Más tarde, vendrán los censores – hay tantos siempre- dispuestos a
modificar adjetivos, cambiar alusiones desagradables,
emborronar la página/
son expertos en rellenar vacíos con frases prolijamente construidas,
tienen un sexto sentido para detectar el verbo pecaminoso
y subido de tono, para condenar lo faccioso e incinerar
el arte de barricada.
Tambièn habrá tecnócratas que pretendan borrar el poema
de la pantalla de mi ordenador con un virus letal,
enviado ex profeso,
sólo utilizable para situaciones como estas, pero lo pondré a salvo
en una cripta, en una buhardilla cibernética que nadie conoce.
Rechazaré todos los recursos literarios,
las metáforas y símiles hermosos,
aborrezco los lugares comunes y las putas caricias
que dan las palabras bombonas, edulcoradas como caramelos.
Ningún lector – ni los más ingenuos, que son los mejores -
se atreverá a leer este poema que trastornará
el orden de las cosas/
el riesgo de contagio es siempre un temor de los seres sanos
y mi poema destilará infección, espuma por la boca, saudades/.
Después quedaré extenuado, casi muerto, dispuesto a seguir
arrinconado en la pasadizo virgen de otra cuartilla blanca/
que es mi territorio natural.
23. mayo. 2008.
Buenos Aires.
jueves, 25 de septiembre de 2008
Todos, ¿quièn no? tenemos una canción Kitsch, escondida en nuestro ropero. Hoy sin recato muestro la mía: "Poquita Fe", interpretada por la cantante mexicana, Ana Gabriel. Mejor sería escuchársela a algún grupo de cantantes tradicionales cubanos, pero esos discos los extravié o dejé perdidos en La Habana y ya difìcilmente los pueda recuperar.
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