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miércoles, 15 de octubre de 2008

Suicidios: ¿Alguien habló de los naufragios?




Obra de la artista cubana, Belkis Ayòn.





Cada día alrededor de 3.000 personas ponen fin a su existencia, en el mundo. Se dice que, al menos 20 intentan suicidarse por cada 1 que lo consigue. Este flagelo se ubica entre las tres primeras causas de muertes mundiales, entre personas de 15 a 44 años. En Argentina, provoca 8,5 decesos cada 100.000 habitantes al año.

Por: Lic. Juan Carlos Rivera Quintana
Especial para Biblioteca mèdica.com.ar


Puso los pies sobre la fría baldosa del cuarto para sentir la sensación de humedad que tanto apetecía. Sentada en la cama intentó ponerse de pie, pero sus movimientos eran más lentos que de costumbre. Una amalgama de melancolía, remordimientos, angustia, apatía e incapacidad le invadía. Hacía días que había dejado de mostrar interés por el aseo y cierto desaliño le dibujaba el semblante.

Se miró ante el espejo y notó su rostro contraído, una expresión apesadumbrada y dolorosa marcaba pronunciadamente las arrugas de su cara; había envejecido unos diez años. La fatiga y la soledad no le abandonaban.

Alfonsina Storni, calificada ya por la intelectualidad de su tiempo como una de las más grandes y prometedoras poetas argentinas, estaba enferma de vida, o quizás de muerte. Ocupó la pequeña banqueta de su escritorio y tomó un blanquísimo pliego de papel. Dispúsose a escribir un poema titulado: “Voy a morir”. Sobre la hoja emborronó: “y ni mi boca tiembla ni se me anima el llanto: Ya no odio ni sufro, solamente muero”.

Pocos días después se quitaba la vida arrojándose al mar en busca de la dulce serenidad que nunca encontró. Los psiquiatras diagnosticaron una depresión psíquica aguda, debido al padecimiento de un mal incurable. Su apatía cerebral la conducía a la autodestrucción; los ansiolíticos, sedantes y antidepresivos nada pudieron lograr. Dicen que a pocos llamó la atención una triste mujer en un viejo espigón de Mar del Plata, durante una oscura madrugada de fuerte oleaje.

¿Entre Eros y Tanatos?

Pero, ¿qué es el suicidio y cuáles son sus causas? Se llama suicidio a toda muerte, mediata o inmediatamente, de un acto realizado por la víctima misma, sabiendo que debía producir ese resultado, según Émile Durkheim, (1897), uno de los fundadores de la sociología moderna. También se enuncia que es un episodio de autoperjuicio, llevado adelante con conscientes intenciones destructivas en la búsqueda (equivocada) de solución para un problema existencial. En tanto, por conducta suicida se entiende todo comportamiento humano “impregnado de fantasías, deseos e ideas de muerte”.

Cada día alrededor de 3.000 personas ponen fin a su existencia, en el mundo. Se dice que, al menos 20 intentan suicidarse por cada 1 que lo consigue. Este flagelo se ubica entre las tres primeras causas de muertes mundiales, entre personas de 15 a 44 años, según informa la OMS.

En tanto, en Argentina, el suicidio provoca 8,5 decesos cada 100.000 habitantes al año, según datos del Ministerio de Salud de la Nación. Ello notifica que aunque la mortalidad por suicidio es relativamente baja, si se lo compara con las estadísticas mundiales, si inquieta que dichos eventos constituyen un problema en progresivo ascenso, en las últimas dos décadas, (cuantitativo de consumaciones) y que la proporción de defunciones de jóvenes por esta causa se ha incrementado de un 19 a un 30 %, entre 1980 y 2002 (la tasa de mortalidad en varones es superior 4 veces a la de mujeres). Y estas muertes son todas evitables, sobre todo si los expertos en salud mental detectan los grupos de riesgo y los posibles suicidas y puede planificar una política de prevención, en ese sentido.
El Dr. Carlos Di Nanno, Coordinador Nacional de Salud Mental, ha explicado recientemente a varios medios nacionales y agencias informativas que “los motivos de suicidio en Argentina no son diferentes a los de otras partes del mundo: problemas psiquiátricos, trastornos depresivos, psicosis, enfermedad bipolar, o causas no biológicas como la soledad, la distancia, el desarraigo e incluso la escasa luz del día del sur, en la época invernal”.

Al referirse a las franjas poblacionales en las que mayor cantidad de suicidios ocurren, el experto ha expresado que “la base es bastante amplia, pero básicamente se produce en personas de edades económicamente activas, entre los 18 y los 60 años, en el 90 por ciento de los casos. En la Argentina, además, se han producido zonas de brotes suicidas en algunos pueblos de La Rioja, Catamarca, Neuquén y Santa Fe, en los últimos años.

Sobre el asunto, el Dr. José Lumerman, médico psiquiatra y director del Instituto Austral de Salud Mental de Neuquén, ha llamado la atención, actualmente, acerca de que las cifras de suicidio en su provincia son más que preocupantes. En Neuquén “constituye la primera causa de muerte (entre los 15 y los 25 años), seguidas de las muertes por accidentes de tránsito y los homicidios. Pero hay que considerar que en ese lugar ese último síntoma de un trastorno mental grave ocupaba, hace 20 años, el tercer lugar. Y lo más siniestro del asunto es que se están matando seres humanos por enfermedades que son curables”, acota el experto.

Los expertos en salud mental coinciden en apuntar que las personas que no viven solas o están casadas tienen índices de suicidios menores que los que viven solos/as, se divorciaron o son viudos/as. Además, la incidencia de un buen estado de salud física es igualmente proporcional al riesgo más bajo de suicidio. En tanto que un 5 % de todos los episodios suicidas los cometen personas sin enfermedad mental, que padecen patologías orgánicas graves, como cáncer o HIV, y el dolor discapacitante.

La existencia de depresión y enfermedad mental potencia los riesgos de suicidio. Estudios realizados por la OMS revelan que los enfermos depresivos están más expuestos a accidentes y suicidios que las personas sanas. De los 3.000 suicidios que ocurren diariamente en el mundo, 1.400 son cometidos por personas en estado de depresión y hay que saber que el 20 % de las personas en el planeta la padecen alguna vez en su vida. Ello no significa que sean sinónimos.

Los síntomas psiquiátricos con mayor repercusión, a corto plazo, que mayor inciden en el riesgo suicida - al decir de los expertos en salud mental – son la presencia de anahedonia o incapacidad para sentir placer de las cosas cotidianas y simples de la vida; la ansiedad; los ataques de pánico; el abuso de alcohol y drogas; los maltratos en la infancia; el aislamiento social; la esquizofrenia (10% de los esquizofrénicos terminan con su propia vida) y los antecedentes de suicidio en familiares de primer orden. Se sabe, además, que el abuso de alcohol y sustancias psicoactivas quintuplican el riesgo de suicidios.

También constituyen factores desencadenantes la pobreza, el desempleo, la pérdida de la autoestima, el fallecimiento de seres queridos, una discusión, la ruptura de relaciones; los problemas jurídicos y hasta los traumas propios que generan las contiendas bélicas. De esta manera, en los últimos tiempos, se ha hablado de los suicidios de ex combatientes argentinos de la Guerra de Malvinas (que ya es superior al número de soldados caídos en combate). En la campaña murieron 649 soldados, según la Asociación de Veteranos de la Guerra de Malvinas, pero actualmente se dice de 454 ex combatientes se quitaron la vida por las secuelas físicas y psíquicas que les dejó la conflagración.

Prevención: una política urgente

Los expertos en salud mental apuntan que no se pueden prevenir todos los suicidios, pero si la mayoría, sobre todo si existen profesionales altamente calificados en la atención primaria de salud, a nivel comunitario que conoce sus grupos vulnerables y poblaciones de riesgo (dentro de las que se incluyen los sujetos en crisis, los niños y adolescentes, los enfermos con patologías graves y dolorosas, estudiantes, prisioneros, jóvenes del servicio militar, inmigrantes y personas desempleadas). De ahí que muchos programas nacionales de prevención, en la región, hagan hincapié en la urgencia de reducir, dentro de las viviendas, los medios para suicidarse (como pesticidas, medicamentos, armas de fuego, combustibles, etc.). También se plantea la necesidad de tratar a las personas con trastornos mentales y particularmente a quienes padecen depresión, alcoholismo o esquizofrenia y, sobre todo, darle seguimiento a los pacientes con intentos suicidas (porque siempre hay un aviso previo).

Por su parte, los medios de comunicación están obligados (por razones humanitarias) a darle un seguimiento responsable a la temática, reforzando el conocimiento ciudadano sobre la conducta suicida e intentando disminuir sus reportes de noticias sensacionalistas sobre el asunto, que en nada contribuyen a mejorar el panorama. Además, las autoridades sanitarias provinciales y municipales deben mejorar sus servicios de salud mental y su disponibilidad de acceso en ámbitos escolares y comunitarios, pues sólo de esta manera se proveerá de soporte social y médico a personas en crisis situacionales. Sin dudas, todos debemos contribuir, desde nuestros espacios, para erradicar este flagelo, que ya se ha convertido en un problema de salud mundial, en un verdadero naufragio en muchas existencias familiares.

Recuadro 1

Cifras, epidemiología y demografía suicida


Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2004), cerca de un millón de personas en el mundo se suicidan cada año. Se calcula que por cada muerte atribuible a esa causa se producen entre 10 y 20 intentos fallidos, que se convierten en lesiones, hospitalizaciones y traumas emocionales.

Cada 40 segundos una persona comete suicidio en alguna parte del mundo. Cada 3 segundos una persona intenta quitarse la vida. Las tasas más altas de suicidios se registran en Hungría, Alemania, países escandinavos, Japón y China (en este último país, 300.000 suicidios anuales). Los países anglófonos, como Estados Unidos, Canadá e Inglaterra presentan cifras intermedias y las tasas más bajas de Europa se presentan en Grecia, Italia, España e Irlanda.

En nuestro país, se registran 8,5 decesos cada 100.000 habitantes al año, alrededor de 3 mil suicidios y aproximadamente más de la mitad se llevan a cabo mediante armas de fuego y ahorcamiento.

En el mundo, cada 4 suicidios completados 3 son de hombres y 1 de mujer. Algunos autores explican esta diferencia por la presencia de mayor alcoholismo y drogadicción entre hombres, que en mujeres.

Los índices de suicidios tienen su máximo crescendo, según la edad: hay un ascenso de las tasas en la adolescencia, luego una traza de meseta y vuelve a subir progresivamente a partir de los 45 años de edad.

Mala praxis en medicina : ¿Industria del litigio?





"Flora", del artista cubano, René Portocarrero






En nuestro país, 1 de cada 5 médicos son demandados por pacientes o familiares por daños como consecuencia de un tratamiento, ya sea clínico, quirúrgico o medicamentoso. Ello trae consigo el aumento de los costos hospitalarios pues los especialistas prescriben más estudios que los necesarios para “cubrirse” ante cualquier eventualidad. De esos juicios sólo uno de cada tres juicios se inicia contra un médico; los otros dos, contra prepagas y obras sociales.



Por: Lic. Juan Carlos Rivera Quintana
Especial para Biblioteca Médica.com.ar




Hace algún tiempo, la sala “A”, de la Cámara Civil, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ratificó una condena contra un famoso cirujano plástico de la farándula, quien estará obligado - si no lo hizo ya - a indemnizar con 200 mil pesos a una paciente ($ 55 mil por incapacidad sobreviniente y otros $ 50 mil por daño moral), que se sometió a una intervención quirúrgica para embellecer su imagen, con un lifting de cara y cuello, pero luego comenzó a padecer discapacitantes problemas de salud, que la obligaron a dos operaciones más.

La Justicia porteña y los peritos del Cuerpo Médico Forense, determinaron que la paciente tenía el hombro derecho caído, que le limitaba la elevación del brazo, debido a la operación plástica, que resultó de excesiva extensión subdérmica en la búsqueda del máximo levantamiento de los tegumentos y le ocasionó serios problemas de salud y la disminución de la actividad social.

Este es sólo un ejemplo ilustrativo de los tantos litigios que tienen lugar anualmente, en nuestro país. Pero sin dudas, la sociedad argentina ha perdido - bastante - la confianza en el quehacer profesional de los médicos y mucho más en el buen hacer de prepagas y obras sociales, a las que consideran negocios jugosos y lucrativos. Ello aunque resulta una verdad dura y rotunda es una realidad casi irrebatible, respaldada por la enorme cantidad de querellas por mala praxis que tienen lugar cada año.

Por sólo citar un dato, Argentina se ubica en uno de las primeras lugares de Latinoamérica, donde se inician más demandas legales por mala praxis: 1 de cada 5 médicos argentinos son demandados por pacientes o familiares por daños como consecuencia de un tratamiento, ya sea clínico, quirúrgico o medicamentoso, según se dio a conocer, recientemente, en el XI Congreso Argentina de Salud, realizado en Salta, por la Superintendencia de Servicios de Salud.

Alrededor de 40 mil profesionales en Argentina sufre, al menos, una demanda por mala praxis, durante su desempeño profesional. De estos litigios legales 1 de cada 3 son iniciados contra los médicos (existen unos 40 mil galenos demandados), los otros dos se comienzan contra prepagas y otras sociales. Ello trae consigo el aumento, el encarecimiento de los costos hospitalarios (500 millones anuales), pues los especialistas prescriben más estudios que los necesarios para “cubrirse” ante cualquier eventualidad.

Comunicación vs. Incomunicación

Pero, ¿qué es la mala praxis? Nos referimos a ella cuando alguien sufre un daño como consecuencia de un tratamiento, ya sea clínico, quirúrgico o medicamentoso; guarda relación con la existencia de una conducta negligente, inexperta o imprudente del profesional médico o una falla de la organización empresaria dedicada a cuidar la salud de las personas, que podría causar en forma directa una lesión o la muerte. Es decir, cuando el enfermo sufre un resultado distinto al que creía que iba a alcanzar, a través de un tratamiento médico, lo cual no significa que eso sea verdaderamente así. Lo que ocurre es que muchas veces, por una parte, hay una carencia de información que el médico brinda al paciente, vinculado con los riesgos, los beneficios y las alternativas del tratamiento que propone. De manera que cuando el paciente no conoce exactamente que el proceder médico, tal vez, le pueda producir daño y considera que esa lesión está ocasionada por el galeno, por el sistema o por el equipo, es que se habla de mala praxis. Sumémosle a ello que, en múltiples ocasiones, el paciente y sus familiares se hacen asesorar por abogados y estudios, especializados en estos menesteres (convertidos en modus vivendi para dichas instituciones), que lejos de intentar mediar en el conflicto incentivan estas querellas con fines económicos ventajosos.

Para el Dr. Fernando Mariona, vicepresidente de la Asociación Latinoamericana de Gestión de Riesgos en Instituciones de Salud (ALGRIS), el problema está centrado, fundamentalmente, “en la despersonalización de la medicina, descrita en la literatura desde hace algún tiempo, donde el paciente se transforma en un número más, se pierde la comunicación médico-paciente, el experto desconoce la cultura del pedir perdón cuando comete un error médico, del explicar a los familiares del enfermo sobre los procedimientos y los pasos a dar. Por otra parte, en nuestro país hay todo un sistema dentro del cual el médico no es más que una pieza dentro del engranaje. Por ello no hay que hablar únicamente del especialista, sino del sistema todo. Es decir, el sistema son las obras sociales, las empresas de medicina pre-paga y después los sistemas públicos. En las empresas de medicina pre-paga y las obras sociales hay un financiador, un gerenciador que emplea al médico para trabajar y le dice: ‘para que esto sea rentable, usted tiene que atender a tantos pacientes por hora, tiene que hacer hasta aquí nada más y no mucho más que eso, cuidado con lo que indica porque esto tiene que estar dentro del nomenclador y nosotros debemos analizar si se precisa o no hacer’. También se le presiona en relación con la menor utilización de métodos diagnósticos caros y la remisión al especialista. El médico no puede realizar una medicina de calidad porque el financiador se lo impide y queda como entrampado, recibe honorarios bajos y hasta tiene que pagar su seguro profesional. No por gusto, el incremento de las demandas legales ha obligado al 65 por ciento de los médicos a contratar seguros en forma particular”, apunta el abogado.

En tanto, para el titular de la Asociación Civil de Actividades Médicas Integradas (ACAMI), Marcelo Mastrángelo, “si los juicios siguen en aumento, en la Argentina, podrían colapsar el sistema de salud, ya que estos litigios obligan a destinar en forma adicional alrededor de 500 millones de pesos anuales al sistema sanitario para hacerle frente a estas demandas”.

No hacer daño

De ahí que desde el ACAMI se han sugerido reformas legales a la normativa vigente que regula la mala praxis como “reducir de 10 a 2 años el plazo para iniciar las demandas, acotar el beneficio de litigar sin gastos, ordenar pericias a cargo de cuerpos técnicos oficiales, limitar los montos indemnizatorios con topes financieros y otorgar obligatoriedad al informe técnico científico”, entre otras propuestas.

Por otra parte, la Asociación de Médicos Municipales, así como el Colegio de Médicos, no se cansan de denunciar, que existe una “industria de mala praxis, del litigio, de los pleitos” y concuerdan en que, más allá de casos puntuales, la mayoría de las demandas que se inician contra médicos y obras sociales y prepagas no están justificadas y sólo benefician a los abogados, que reciben jugosas compensaciones económicas por costes legales.

“El hecho de que los presuntos delitos por mala praxis prescriban recién a los 10 años, en nuestro país, según las normas vigentes, crea un marco de gran incertidumbre para quienes ejercen la medicina”, coinciden en indicar muchos expertos.

Novedosas técnicas están siendo introducidas para mejorar la comunicación, la relación del médico con el paciente; es decir la gestión del riesgo para evitar la producción de daños, que son evitables. La OMS ha puesto en marcha una iniciativa, consistente en una Alianza Mundial para la Seguridad del Paciente intentando reducir el número de enfermedades, traumatismos y decesos que se sufren en las instalaciones médicas al recibir atención sanitaria. Este proyecto se puede resumir en su lema central: “Ante todo no hacer daño”.

Se trata de que se sincere la relación con el enfermo, que exista el respeto, la comprensión del proceder profesional, la compasión, las disculpas y perdones ante cualquier error, si fueran necesarios (y sobre todo, en el momento oportuno). En definitiva, los médicos son seres humanos y pueden equivocarse, como los propios pacientes, pues todos somos falibles (como la propia medicina), sólo que estos profesionales trabajan con la salud y la enfermedad, con la vida y con la muerte; tienen demasiado poder. Pero la negación y la postura profesional defensiva poco aportan a la solución de un diferendo de esta naturaleza, donde en muchas ocasiones familiares o pacientes dañados eligen el camino del juicio como venganza para buscar la paz.

Lo cierto, también, es que desde que los médicos les entregaron el manejo de la Medicina a los economistas, la Medicina se transformó en un negocio, que busca rentabilidad desmedida olvidándose del buen servicio y sólo pensando en los costos y los números. Nadie pone en duda que contar con equipamiento de alta tecnología, adecuadamente mantenidos, con medicamentos de última generación para las terapias, con materiales descartables y una estructura edilicia que brinde confort y seguridad coadyuva a mejorar el servicio médico. Todo ello puede ayudar más que antes a que todo salga perfectamente, pero también puede dañar mucho más. Son muchas las opciones que tiene el especialista y todo el equipo de salud para conseguir la eficacia técnica y curar o paliar la situación del paciente, pero actuar utilizando toda la tecnología disponible también, en oportunidades, genera desconfianza y los miedos propios de quien está en una posición muy vulnerable. La solución no la tenemos, no la tiene nadie, pero al menos es sano llamar la atención sobre dicho asunto tan espinoso, fuente de tantos diferendos.


Recuadro:

Especialidades que soportan mayores demandas por mala praxis

Obstetricia 26*
Cirugía 25*
Traumatología 14*
Pediatría 10*
Clínica médica 9*
Infectología 8*
Anestesiología 4*
Cirugía plástica 4*

*(en por cientos).

miércoles, 4 de junio de 2008

Diagnóstico: Ecografía de la salud argentina





Obra de Roberto Fabelo




Casi 20 millones de habitantes en nuestro país (62.4 %) poseen alguna cobertura de seguro de salud en Obras Sociales o Prepagas, mientras y 13.7 millones (37.6 %) subsisten en la pobreza y la indigencia (y sólo tienen posibilidad de cobertura gratuita en hospitales públicos y centros de salud comunitarios). Anatomía de una triste realidad & búsqueda de respuestas terapéuticas.

Por: Lic. Juan Carlos Rivera Quintana
Para la Revista “Ahora, la Salud”.


Con un método inusual, propio del marketing político, calificado por la oposición como “un golpe bajo y hasta despreciativo para los vecinos”, el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, inauguró, recientemente, el período de sesiones ordinarias de la Legislatura, con la utilización de un video que mostraba distintos aspectos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en total estado de devastación y abandono.

Durante unos cuatro minutos, los legisladores porteños pudieron ver un clip de alto impacto visual, con música disonante y un ritmo frenético, dividido en secciones como: "espacio público", "educación", "seguridad” y "salud", en el cual se veían calles rotas, escuelas derruidas, cartoneros circulando, delincuentes a los tiros en el barrio del Bajo Flores, piqueteros cortando calles, pero lo que más conmoción causó, a juicio de los presentes, fue el total estado de abandono de muchos hospitales públicos en la ciudad y los cuerpos de guardias atestados de enfermos, donde se enseñoreaba la desidia, la insalubridad, el deterioro y la falta de recursos sanitarios.

Una vez terminado el video, Macri dio inicio a su disertación sobre el estado de la Ciudad y prometió triplicar la inversión pública, en comedores, escuelas y sobre todo en hospitales capitalinos. “Esto no se arregla en pocos días, pero lo importante es que estamos en la dirección correcta”, dijo el jefe comunal porteño.

Aunque los medios de difusión, sobre todo los televisivos, se dieron a la tarea, posteriormente, de comentar y criticar, hasta el hartazgo, el controvertido material fílmico, lo cierto es que dicho documento pudiera ser un diagnóstico del estado de situación no sólo de la Ciudad, sino también un cuadro representativo - sobre todo en el área de salud - de lo que acontece, actualmente, en muchas provincias de nuestro país. Hay que considerar que, en la Ciudad, actualmente, hay un 26 por ciento de la población, que carece de Obra Social o Prepaga médica y dependen únicamente de los problemáticos hospitales públicos o centros de salud comunitarios para resolver sus problemas de salud, sin contar las poblaciones de residentes extranjeros de países vecinos que también vienen a atenderse en nuestros centros públicos por falta de asistencia e infraestructura en los suyos.

¿Salud: derecho social conquistado?

Y aunque, sin mediatintas, la equidad es un concepto ausente de la historia del sistema de salud en nuestro país, siempre el andamiaje de la red sanitaria y asistencial ha tenido como principios y soportes organizadores - al menos en sus estatutos fundacionales y en sus pretensiones humanistas - los términos universalidad, accesibilidad y solidaridad; todos ellos vinculados de alguna u otra forma a “la igualdad de oportunidades para satisfacer un conjunto de necesidades básicas o aspiraciones socialmente definidas” en la política Argentina y en la letra de nuestra Constitución como derechos básicos (salud, educación, vivienda y alimentación) . Pero, en la práctica, en materia de salud ¿qué sucede?

Lo cierto es que en nuestro país, después de más de una década nefasta en que la que caímos estrepitosamente en todos los niveles sociales, que tuvo su clímax en los suceso de diciembre de 2001, con la salida por una poblada popular de un presidente constitucional y democrático, nos hemos transformado, en la actualidad, y tras cierta recuperación económica de los últimos cinco años, en una sociedad dual, con un modelo social de acumulación, donde 19.2 millones de habitantes ( 62.4 por ciento) vive con estándares de los países desarrollados (posee alguna cobertura de seguro de salud en Obras Sociales o Prepagas) y hay 13.7 millones de personas (37.6 por ciento) que subsisten en la pobreza y la indigencia (y sólo tienen posibilidad de cobertura gratuita en hospitales públicos y centros de salud comunitarios). Este proceso no parece estar revirtiéndose, en la medida en que los nuevos puestos laborales creados son de escasa calidad y remuneración y no eximen a los que los ocupan, teniendo en cuenta el costo de la canasta básica y la inflación cotidiana, de un sitio por debajo de la línea de pobreza. Vivimos - como afirman analistas políticos - en una democracia sin política, sin inclusión, sin mecanismos de promoción de la igualdad y la cohesión social, sin autoridad pública ni aparato estatal, aunque los discursos digan lo contrario.

Partamos de apuntar, para tener una visión cabal del escenario existente, a nivel sanitario argentino, que el sistema está compuesto, básicamente, por tres subsistemas: el modelo estatal o público, el de Obras Sociales o mutuales (de origen gremial) y el privado (Prepagas). Todo ello perfila una heterogeneidad reinante, sobre todo en el interior del país, donde la fragmentación y descentralización de las instituciones que lo componen constituye su rasgo distintivo. A su vez, la falta de articulación y coordinación (responsabilidad del Ministerio de Salud de la Nación) traba la conformación de un sistema formal de salud y conspira contra el uso eficaz de los recursos y el logro de niveles plausibles de equidad en la asistencia médica.

Agreguemos un frío dato estadístico, que encierra ineluctablemente dramáticas situaciones personales: en la provincia de Buenos Aires, el área más densamente poblada de nuestro país (13 millones de habitantes), existen 7.5 millones de personas que no tienen obra social (49 por ciento de los bonaerenses) y deben acudir al desbordado sistema de salud pública, el cual no logra hacerle frente a la superpoblación de pacientes. Mientras, en todo el país, aproximadamente, 19,2 millones de ciudadanos carecen de cobertura, mientras las Obras Sociales (sindicales o mutuales) brindan servicio a 16 millones, contra 3,2 millones de las Prepagas (que cada día incrementan más sus costos prestacionales y sus coseguros), según un reciente relevamiento, realizado por la Asociación Civil de Actividades Médicas Integradas (ACAMI), en base a estadísticas de la Superintendencia de Servicios de Salud y del controvertido Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de Argentina (INDEC). Como circunstancia que incide más negativamente, buena parte de los que no tienen cobertura médica pertenecen a los grupos más vulnerables: el 10 por ciento son mayores de 65 años, mientras que otro 28 por ciento tiene menos de 15 años.

Si hacemos un balance de los problemas sanitarios del país, las zonas con mayores dificultades están ubicadas en las provincias de Formosa y Chaco, donde el 66 por ciento de la población carece de cobertura y debe atenderse con una infraestructura hospitalaria muy deficiente y pobre. En este listado, también, se ubican negativamente Santiago del Estero, con el 64 por ciento de habitantes sin cobertura; Chubut, con 62; Salta, que expone un 60 por ciento y Jujuy con 54,2, según fuentes del INDEC.

A pesar de ello, un somero vistazo al Presupuesto de 2008, en Argentina, revela que la estructura general del gasto se mantiene muy parecida a la del año anterior. Empero, un primer aspecto que llama la atención son las prioridades del gobierno, en las cuales los fondos destinados al área social (61.1 por ciento del gasto total) aumentan ahora un 9 por ciento en términos reales debido a la inflación social que se está sufriendo. En esas estadísticas, los incrementos en Salud (17.8 por ciento, en comparación con el presupuesto de 2007) pueden parecer importantes por los millones de pesos que significan, pero como afirman muchos opositores, “dichos aumentos deben relativizarse dado a que la magnitud del gasto total ejecutado por la Nación es pequeña debido a la descentralización de dichas funciones en las provincias”.

Importante sería resaltar, además, que en Argentina, en el año 2004, existían 32,1 médicos por cada 10 mil habitantes, mientras que los enfermeros eran 3,8 (incluye los profesionales y los licenciados) contra 9,3 odontólogos, lo que confirma un fuerte desequilibrio y la falta de recursos humanos, amén de que estas fuerza capacitada está marcadamente concentrada en los grandes centros urbanos, en detrimento de la atención, la capacidad de respuesta y la calidad sanitarias de las siempre olvidadas zonas rurales, “la Argentina profunda”, como le gusta decir a nuestros políticos.

No por gusto, a su llegada como flamante ministra de la cartera de salud de la Nación, Graciela Ocaña expresó, al hacer un diagnóstico de la situación nacional y hablar de las medidas más urgentes a tomar para solucionar los agujeros negros de esta área en el país, que convertirá en una obsesión de su gestión el “atender fundamentalmente la salud y no la enfermedad y trabajar en las inequidades que tiene el sistema en la accesibilidad (…). Tiene que haber inversión, tiene que haber incentivos para que el profesional vaya y se instale en las zonas más alejadas, pero por supuesto esto no lo puede solucionar ni la provincia, ni una obra social por ejemplo el PAMI, porque en realidad el sistema argentino posee múltiples financiadores, son los que ponen el dinero para la prestación. Entonces si trabajamos en conjunto y actuamos como un solo financiador, como actúa la mayor parte de los países que tiene un solo financiador o dos y no como la Argentina, si podemos ir a trabajar en conjunto podemos lograr este objetivo, darle los incentivos entre todos necesarios para que esos médicos se asienten, esos profesionales se asienten en zonas que lo requieren e invertir en tecnología para obtener un rápido tratamiento y un buen sistema de redes de derivación, porque la verdad que no todo tiene que estar en todos los lugares”.

Una pócima salvadora.

El subsector sanitario estatal o público, cuyos recursos provienen del sistema impositivo, provee servicios de salud personales, de tipo preventivo y curativo, gratuitamente, a toda la población, a través de una red de hospitales públicos y centros de salud (según datos del año 2000, en el país existían más de 1.200 establecimientos públicos con internación, la mayoría hospitales, gran parte son provinciales y sólo una mínima proporción depende del nivel nacional y 5.740 centros sin internación, sobre todo Centros de Salud y Acción Comunitaria). A estos establecimientos, que cuentan con 84.094 camas disponibles (un 54 por ciento del total de las 133.847 camas hospitalarias de todo el territorio), acuden los ciudadanos de más bajos ingresos. Dicho subsistema es el mejor posicionado en cuanto a capacidad instalada, teniendo en cuenta el indicador de cantidad de camas disponibles (Ver recuadro). También en cuanto a atención pública de salud, de acuerdo con los datos de la Dirección Nacional de Programación del Gasto Social, se observa que si en 1980 se gastaba, a nivel nacional, 3.111 millones de pesos; en 1990, 2.897 millones y ya en el año 1997 se utilizaban 5.263 millones de pesos. Las restricciones de acceso a dichos centros públicos se deben únicamente a la inexistencia de infraestructura o de recursos humanos disponibles para satisfacer la demanda de atención.

Dicho subsistema tiende a racionar mediante listas de espera (turnos a las cinco de la mañana, cirugías con seis meses de espera, etc.), “demostrando la ineficiencia institucional de las burocracias públicas – como ha planteado el contador público, Carlos Vasallo, economista argentino de la salud – que aplican rígidamente normas administrativas; posee falta de incentivos a la eficiencia; usa inadecuadamente los recursos y deja ver una ausencia de gestión del personal, entre otros males. La mayoría de los hospitales en la Argentina tiene estos problemas, en lo que podría ser un diagnóstico generalizado, que sin embargo no tiene respuestas terapéuticas en la actualidad”.

Una reciente investigación, realizada en el Hospital Provincial Centenario, de Rosario y su zona de influencia, en la provincia de Santa Fe, pone al descubierto una verdad casi axiomática relacionada con el aumento de los casos de cánceres prevenibles, en tanto sus autoridades se muestran alarmadas por el incremento de pacientes que llegan con estados avanzados de tumoraciones malignas, cuando poco se puede hacer. Sobre el asunto, la oncóloga María Alejandra Bártoli, jefa del servicio en dicha institución, apuntó a algunos medios que “en nuestra población hospitalaria reproducimos, lamentablemente, lo que corroboran las estadísticas nacionales, que hay más muertes por cáncer que podrían haberse detectado tempranamente. Esto está directamente relacionado con la falta de recursos socioeconómicos”.

Ciertamente, estudios últimos, realizados en base a datos nacionales, de la Dirección de Estadísticas e Información del Ministerio de Salud, revelaron que en el país (24 jurisdicciones) está ascendiendo las cifras de cáncer en las regiones más pobres. Hay que considerar que tan sólo en el período 1997/2001 esa patología acabó con la vida de 266.546 personas en Argentina (el 18,8 por ciento de las muertes totales), lo cual convierte al cáncer en la segunda causa de muerte en la nación, detrás únicamente de las enfermedades del sistema circulatorio (33,4 por ciento). Así también los expertos se muestran preocupados por la cantidad de mujeres jóvenes, menores de 45 años, que desarrollan cáncer de cuello uterino, una de las patologías oncológicas más fáciles de prevenir. “Estamos espantados porque llegan al servicio mujeres con tumores avanzados que podrían haberse detectado con sólo hacerse un Papanicolau", remarca la Dra. Bártoli.

Las causas del porqué sucede esto habría que buscarlas en fallas en la educación y prevención de la salud; la ausencia de campañas públicas y políticas sanitarias en los territorios y hasta la carencia de recursos de muchas ciudadanas para llegar al efector salud. Lo cierto es que el cáncer sigue golpeando de acuerdo con los niveles de pobreza existentes en cada región del país. Ello explica el porque el noroeste y el noreste argentinos se llevan la peor tajada con un ascenso del 10 por ciento de mortalidad por cánceres que pueden ser detectados precozmente, como el de mama, útero y colorrectal, mientras en regiones más ricas (léase la ciudad de Buenos Aires, Santa Cruz, Río Negro, Chubut y Neuquen) los índices de esas patologías han decrecido.

Al hablar de Santa Fe, por ejemplo, debemos apuntar que sus estadísticas se sitúan dentro de la media nacional, con una disminución de 2.5 puntos porcentuales en muertes por tumores en varones (pulmón, próstata, colorrectal, estómago y páncreas) y una baja en tumores malignos entres las mujeres del 0.2 punto en la mortalidad por neoplasias de pulmón, mama, útero y páncreas. Todo ello certifica la tesis, esgrimida por muchos especialistas, que trabajan en el ámbito sanitario privado y el público, de que en nuestro país conviven dos naciones completamente diferentes: una pobre y otra rica corroborando que dichas enfermedades están directamente asociadas a la pobreza, el alcohol y el tabaquismo.

Salud & enfermedad en la Argentina profunda

Las fuentes vitales de ingresos del subsistema de Obras Sociales de prestación de servicios de salud están basadas en los aportes obligatorios del conjunto de individuos que son sus beneficiarios, en su gran mayoría trabajadores asalariados y la contribución de las empresas donde éstos trabajan. Este subsector es de acceso restringido y son sus beneficiarios los que contribuyen, aunque ello no significa que atienda a sectores minoritarios, en la Argentina. Él está conformado por instituciones que cubren las contingencias de salud y proveen infraestructura de turismo y asistencia social a los trabajadores en relación de dependencia y a sus familiares directos (sobre todo a partir de las Obras Sociales sindicales) y los jubilados del régimen nacional de previsión social, a través del Programa de Asistencia Médico Integral (PAMI).

Para el contador Mario Koltan, presidente de la Confederación de Obras y Servicios Sociales Provinciales de la República Argentina (COSSPRA) - que está conformada por las obras sociales provinciales de todas las 24 jurisdicciones del territorio nacional, incorporada, desde hace tres años, la Obra Social de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, (Ob.SBA) y tiene una estructura central formada por una Junta Ejecutiva, que representa a las cinco regiones en que está dividida administrativamente la República con un sentido de participación Federal - esta entidad desarrolla el trabajo, fundamentalmente, técnico de cooperación entre las Obras Sociales provinciales, en tanto “lo regional expresa realmente la idiosincrasia de nuestro país, sus costumbres, tradiciones y normas de vida. Al mismo tiempo son las Obras Sociales que tienen la característica de que sus conducciones son las que más vinculación tienen con los afiliados; el hecho de estar ubicadas en el territorio, hace que su dirección política esté muy ligada con la realidad cotidiana de los afiliados”, acota el directivo.

El promedio de incidencia de la población con cobertura en la seguridad social es importante: 1 de cada 4 argentinos en sus provincias tienen que ver con las Obras Sociales provinciales. Por lo tanto, el peso que tiene al momento de definir políticas y programas, en materia sanitaria, no puede y no debe soslayarse, porque además el hecho de estar enclavadas en las propias regiones le da un conocimiento y un seguimiento cotidiano de la realidad de los comprovincianos.

Según nuestro interlocutor, “la COSSPRA expresa estas particularidades provinciales, con un sentido nacional, nace como una forma de representar a las Obras Sociales provinciales y poder gestar al mismo tiempo que articular las voluntades de esas obras, generar estructuras de servicios para las disímiles obras sociales adheridas”.

En ese sentido, la COSSPRA, además de los organismos de conducción, posee un Comité Técnico, conformado por profesionales, sobre todo, vinculados al área salud, pero no exclusivamente, que tiene como tarea la recopilación de toda la información estadística, del conocimiento de los programas de atención, tanto en la salud como en la enfermedad en cada una de las provincias y de generar políticas sanitarias comunes con carácter regional para las distintas Obras Sociales provinciales. No es lo mismo atender la salud de los afiliados de la Patagonia, que la de los ciudadanos del NOA o del NEA, que la de los grandes centros urbanos desarrollados pues se dan características y patologías diversas.

Al abordar con el contador Koltan sobre los dilemas cruciales que enfrenta la salud en nuestro país se refirió a la necesidad de avanzar en la idea de ir resolviendo los problemas de la atomización del sector. “Para nosotros es un tema central – explicó el funcionario - que tiene que ver con la debilidad del sector financiador, el hecho de que existan cinco grandes financiadores, de los cuales tres concentran casi el 85 por ciento de los afiliados: la Superintendencia de Servicios de Salud, la COSSPRA y el PAMI, con casi 25 millones de argentinos bajo su responsabilidad (prácticamente el 50 por ciento de la población del país) y el otro 50 esté bajo la órbita y la responsabilidad del Ministerio de Salud de la Nación y los ministerios provinciales, de lo que es concretamente el Consejo Federal de Salud (COFESA), crea sus inconvenientes y disgrega esfuerzos”.

También el entrevistado apuntó su preocupación sobre lo que denominó “crisis latente vinculada a aspectos como el Programa Médico Obligatorio (PMO), a la sustentabilidad del mismo a través de los soportes financieros, si es factible o no sostener ese PMO, debatir en definitiva una nueva modalidad de atención de la salud y la enfermedad con características distintas de acuerdo con la edad; no son semejantes las políticas para la niñez que para la vejez en estas materias, hay que buscar estrategias comunes para los distintos subsectores de la seguridad social”.

Además abordó la necesidad de participación de las Obras Sociales provinciales en el debate para definir una nueva Ley Federal de Salud y el rol del PMO, con la inclusión de coberturas para nuevas enfermedades como la bulimia, la anorexia, la obesidad, (considerada, al fin, como patología) y dijo que “le hemos planteado a la ministra de Salud de la Nación formar parte de la mesa que discuta, proponga y elabore una Ley Federal de Salud, justamente por representar el 25 por ciento de la seguridad social en la Argentina. La Ley Federal, más allá de contemplar diversos aspectos que tienen que ver con patologías que se van presentando en la sociedad debido a las condiciones de vida, las nuevas enfermedades que se incorporan, los descubrimientos de la ciencia y la técnica, debe diseñar conceptos y políticas generales que garanticen la salud de los argentinos, pero no desde el punto de vista declamativo. Yo puedo hacer una norma para resolver patologías como la obesidad, la anorexia o la propia Ley de Discapacidad, pero si no defino claramente cómo la voy a abordar, con quiénes las voy a instrumentar, qué voy a incluir desde el punto de vista de los tratamientos y los medicamentos a proveer y no culmino con un presupuesto que haga sustentable al programa, nada se habrá resuelto y se corre el riesgo de expresar sólo una voluntad política sin solucionar la situación en la práctica.

“Creemos que la Ley Federal tiene que poseer estos condimentos que garanticen lo que la voluntad política expresa; el tema de la solidaridad, la equidad, la calidad en la atención de salud deben ser capítulos que la normativa defina claramente y los efectores deben responder a esta legislación. En tanto, los financiadores tenemos que asumir nuestra cuota de responsabilidad desde el punto de vista de la cobertura que la ley establezca y poder decir con ese instrumento hasta dónde los argentinos estamos en condiciones de atender en salud para que no quede como discurso meramente político.

“Hoy los financiadores, con la recuperación nacional, han visto recuperar su capacidad de pago y todas las Obras Sociales cuentan con más recursos: las municipales, las provinciales, las universitarias, las de seguridad. Hay más dinero destinado a las políticas provinciales de salud, mayor inversión en el intento de recuperar al hospital público, mayor inversión en la accesibilidad de los tratamientos y para ciertos medicamentos, que antes eran privilegios de pocos.
Esta recuperación, que va de la mano de un concepto distinto de país y de un modo de concebir la construcción de la Argentina, de una manera diferente a la de la década de los 90, permite avizorar mejores condiciones para resolver la crisis y poder avanzar”, concluyó confiadamente Koltan.

Un sistema agobiado

Bajo la denominación global de empresas de Medicina Prepaga se agrupan un amplio y heterogéneo conjunto de instituciones sanitarias, cuya oferta presenta una variopinta dispersión de precios y prestaciones. Este subsector sanitario privado se financia a través del aporte voluntario de sus usuarios, que por lo general tienen medianos y altos ingresos y en muchos casos también gozan de cobertura de seguridad social (conocida como “doble afiliación”).

Actualmente, el prisma institucional de ese sector privado abarca, en primer lugar, los sanatorios o clínicas, que constituyen propiedad individual o grupal de profesionales que ejercen en ellas su práctica médica. También se ubican los llamados hospitales de colectividades, que conservan aún una clientela constituida por el grupo nacional o étnico que le da origen (francés, italiano, alemán, etc.) y ha desarrollado, además, sistemas de coberturas, basados en el prepago, a lo que se agrega su rol como efector de servicios para diferentes obras sociales. Muchas de estas clínicas, sobre todo en los grandes centros urbanos argentinos, se han desarrollado vertiginosamente convirtiéndose en centros de alta complejidad, de respetado diagnóstico y con una moderna tecnología y equipamiento.

Según datos consultados por nuestra publicación, en el Centro de Estudios para el Desarrollo Institucional y algunas ONGs, la cobertura de Prepagas o mutuales alcanza un 7.9 por ciento de la población, mientras la doble afiliación cubre a un 4,2 por ciento de los habitantes del país, en la actualidad (operan aproximadamente 196 empresas de Medicina Prepaga, entre las cuales el 58 por ciento tiene asiento en Capital Federal; 19 por ciento en el resto del Gran Buenos Aires y 23 por ciento en el interior). Para brindar dicha cobertura, en los años sesenta, sus establecimientos representaban un tercio del total nacional, mientras a mediados de los 90 superaban el 50 por ciento.

Al abordar los dilemas de este subsistema, muchos expertos indican que “sus instituciones son muy heterogéneas, con gran número de entidades, costos de operación extremadamente altos y escasa transparencia en las áreas de competencia y protección al consumidor” y hasta hablan de la incidencia negativa de muchos capitales externos que ingresaron al campo de los servicios privados convirtiendo esta medicina en un negocio lucrativo, por sobre todo.

Swiss Medical Group (SMG) es una de las empresas de medicina privada que atiende la salud de casi 700.000 afiliados y está entre las más respetadas en el sector por el servicio que presta a sus asociados, en adecuados términos de calidad diagnóstica y terapéutica, por la permanente inversión en pos del desarrollo de la infraestructura de servicios de salud, tanto del recurso físico, edificios y tecnologías, como de su capital humano (más de 20 mil profesionales de todas las especialidades y alrededor de 3.000 prestadores de diagnóstico y tratamiento, junto a las mejores clínicas del país, como la Clínica y Maternidad Suizo Argentina; el Sanatorio Agote; Swiss Medical Center; Centro Médico San Luís y 5 Clínicas Odontológicas, garantizan la calidad asistencial).

Con el Dr. Alfredo Maximiliano Stern, director médico de SMG, dialogamos, (vía
e-mail), sobre el sistema de salud argentino. Para dicho sanitarista es bueno definir que “no existe como tal ya que no podemos afirmar que en nuestro país tengamos una planificación, desarrollo, financiamiento o gestión que responda a algún plan previamente trazado. Probablemente en ese sentido en la Argentina nos parecemos más de lo que creemos a los Estados Unidos, donde también es difícil entender el conjunto de actores de la salud como integrantes de un sistema único y ordenado”. Además, plantea que “nuestro problema central reside precisamente en la diferencia fundamental entre ambos ‘no sistemas’ y que es precisamente con cuánto dinero cuenta y cuáles son las posibilidades de financiamiento que existen para cada uno de ellos”.

Nuestro interlocutor explica que actualmente, en Argentina se ha sincerado la economía y “desde entonces descubrimos que con las modestas posibilidades que brinda nuestro gasto en salud por habitante y por año, debemos alcanzar aquellas prestaciones que se aseguran en los países centrales con dos, tres o diez veces más recursos”. En ese escenario, “nuestra condición de país desinteresado en la prevención, infestado de muertes por accidentes, por un lado, y con menos recursos a disposición del sector, para afrontar un modelo inviable y sin adecuado financiamiento, por el otro, todo se hace más difícil”.

A renglón seguido argumenta ácidamente que “nuestro sistema de salud no termina de salir de una crisis permanente, que parece eterna. Su división según fuente de financiamiento frecuentemente superpuesto y lleno de ineficiencias lo lleva a la imposibilidad de ordenar cabalmente objetivos comunes y procesos que aseguren estándares de calidad uniformes. En el interior de este sistema se ahondan las diferencias. La mitad de la población del país se atiende en el subsistema de financiamiento estatal que tiene características especiales. Por lo general es razonablemente bueno para la resolución de las emergencias, progresó significativamente en capítulos como las estrategias relacionadas con la Atención Primaria de la Salud pero muestra su peor cara cuando se trata de atender lo programado o cuando se requiere la más alta tecnología”.

Cuando habla del capital humano comenta que “tampoco escapa a la crisis general y es frecuente encontrar asimetría en los planteles con más médicos de los que se requieren o al menos mal distribuidos, menos enfermeras de las necesarias y ausencia de personal administrativo escasamente entrenado y provisto de tecnologías modernas de gestión. Con estos componentes es razonable que existan problemas de turnos con esperas excesivas y migraciones entre distritos en busca de alguien que dé respuesta a la demanda. Todo ello motivado, en casi igual medida, por la sobrecarga de trabajo de algunos, por la falta de infraestructura adecuada y distribuida en el país y por la ineptitud para calibrar un plan adecuado. Si a esto se suman el desaliento y la actitud de no pocos empleados públicos para quienes no existen modelos de incentivos y castigos, puede considerarse que la respuesta actual del subsistema estatal es más que satisfactoria”, sentencia.

Al hacer un balance de los subsistemas apunta que “el subsector con financiamiento de la seguridad social, ha florecido en los últimos años producto del crecimiento del empleo en general y adicionalmente por la disminución de la proporción de trabajo informal en la economía del país. Estos fenómenos que se instalaron desde la salida de la crisis y hasta el presente, han permitido contar con más fondos a un sector con problemas crónicos de insuficiente financiamiento para la atención de una población con frecuencia vulnerable. De esta forma algunas obras sociales han desarrollado en diverso grado, sus propias estructuras asistenciales en un intento por mostrar a sus beneficiarios y a la sociedad que el dinero recaudado y su destino tantas veces cuestionado, vuelve a los trabajadores y sus familias.

En tanto, para el entrevistado “el subsector de financiamiento privado ha sido el refugio del segmento ABC1 de la población que exige al sistema mayor celeridad en la respuesta, mayor satisfacción con los resultados, acceso sin restricciones a tecnologías modernas y por conseguir todo esto esta dispuesto a pagar lo menos posible. En él se presentan nuevos fenómenos ya observado en otras latitudes. Si bien no llama la atención, se ha instalado un grado de litigiosidad y beligerancia entre la demanda y la oferta de servicios de tal magnitud que es comentario habitual en las reuniones de gente relacionada con la atención de salud. Hoy, muchos de los demandantes de atención se han convertido rápidamente en ‘consumidores informados’ y ahora presionan sobre un sistema de por sí agobiado por el gasto innecesario y los costos derivados de la incorporación irrestricta de tecnologías y de medicina defensiva”.

Antes de concluir añade que “en este contexto y pese a lo antes señalado, resulta interesante subrayar que los tres subsistemas comparten algunos de sus recursos, en especial el componente profesional que por lo común trabaja en dependencias distintas, con diferentes tecnologías, incentivos y compromisos según donde lo haga.

Después de este análisis, el Dr. Stern advierte que “el grado de confusión reinante y la puja sectorial que se desarrolla en el interior de un sistema en franco crecimiento como actividad económica y que pese a ello produce disconformidad y enojo a todos y cada uno de sus componentes. Dicho de otra manera, todos se sienten mal pagados por el esfuerzo que realizan y la rentabilidad económica y social de cualquiera de los componentes es puesta como limitante en forma permanente. Cabe, entonces, preguntarse si el sector salud ha logrado transmitir a la sociedad la importancia que debiera serle de hecho asignada. Es poco lo que se hace o se ha intentado para reordenar el caos actual y mientras los costos de atención de salud dentro de este modelo siguen subiendo, nadie desea pagar cuotas más altas en su cobertura privada, ni tampoco está dispuesto a aportar más a su obra social o pagar más impuestos para sostener el sistema público”, concluye dramáticamente.

Sin dudas, habría que indagar si existe una voluntad política, desde hace más de cuatro años, porqué no se aprueba un sistema de salud que centralice la financiación y asigne equitativamente los recursos. A dicho sistema deberían unirse las provincias y las obras sociales (sindicales y provinciales).

Providencialmente y días antes de la elección presidencial trascendió
periodísticamente que el Frente para la Victoria trabajaba un proyecto, que estaría estudiando la entonces candidata Cristina Fernández de Kirchner (hoy Presidenta) con un equipo de sanitaristas, para el rediseño del sistema de salud. La legislación estima que todas las provincias y municipios se rijan bajo los mismos parámetros sanitarios para ir hacia un sistema de universalización de la salud. Para mejorar la calidad de la atención médica se filtró que el plan crearía un sistema de incentivos que premiaría a los profesionales que obtienen mejores resultados y a los que gastan menos en medicamentos y estudios sofisticados, que en la actualidad se consideran sobreindicados.

No nos cansamos de decir - periodistas, políticos y ciudadanos - que para mejorar la salud de la población, el principal objetivo es la prevención, axioma que parece de difícil aplicación práctica, pero al menos, nos aglutina enfáticamente a todos. Se pondrá, entonces alguna vez en agenda el tema de la fragmentación, el agobio y la irracionalidad del sector salud. Es hora de tomar “al toro por las astas”.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Una enfermedad terrible, pero evitable












Obra del ceramista cubano, Alfredo Sosabravo.

El càncer de pulmòn, mata sobre todo, a personas entre los 55 y los 65 años. Es más frecuente en hombres que en mujeres (4 por cada una). Representa el 97 por ciento de los tumores pulmonares. Más personas mueren, anualmente, por este mal que por cáncer de colon, de mama y de próstata juntos, en el mundo. El responsable máximo: el consumo de tabaco.

Por: Lic. Juan Carlos Rivera Quintana
Para la Revista Ahora, la Salud


Todo comenzó cuando Marcelo R. empezó a sentir una tos persistente por las mañanas, con un constante dolor en el pecho, falta de aliento, vértigo, pérdida de peso, palidez, cansancio y en algunos momentos hasta descubrió sangre en su esputo y presentó signos de disfonía. La carraspera y los repetidos ataques de bronquitis o neumonía lo habían tenido “jaqueado” en el último año y decidió hacerse ver por un especialista en Neumonología para que le diera alguna solución a sus problemas respiratorios. Pero en ningún momento resolvió dejar de fumar y mucho menos olvidó comprar los dos atados de cigarrillos que humeaba a diario y que su médico de cabecera le había recomendado dejara pues ponía en riesgo su vida. Para entonces, ya era algo tarde… los especialistas, después de varios exámenes de rigor, de alta tecnología, entre los que indicaron una tomografía axial computarizada y una biopsia, diagnosticaron un cáncer de pulmón, en estadío III, y recomendaron cirugía inmediata y quimioterapia para darle al enfermo una mayor sobrevida.

Esta es una de las decenas de historias que acontecen con frecuencia en muchos hospitales de nuestro país pues el cáncer de pulmón persiste como un desafío a la medicina, porque a pesar de los avances en las técnicas de diagnóstico y en los recursos terapéuticos, continúan siendo magros los resultados de su tratamiento reflejado en las pocas curaciones en relación con la cantidad de enfermos asistidos. Ello se explica, en buena medida, a que en la última década no existieron sensibles respuestas a los intentos de reducir la exposición a carcinógenos, y también a que no mejoró la detección del tumor en una etapa temprana, lo cual hubiera podido aumentar la curabilidad, pero sobre todo a que todavía no se cuenta con la solución para dicha patología.

Sobre el tema, el Dr. Alfredo Monteverde, especialista en Neumonología y jefe de ese servicio en el Hospital ”Profesor Alejandro Posadas”, ubicado en la provincia de Buenos Aires, expresa que “actualmente, la gran mayoría de los centros de salud no están proyectados ni tienen estrategias para salir a buscar a las posibles personas afectadas con cáncer de pulmón. Los pacientes que se reciben en las consultas de Neumonología o remitidos a Oncología son, en su inmensa mayoría, referidos con diagnósticos presuntivos o casi confirmados y por lo general en un momento relativamente avanzado de la evolución de dicho mal”, dice el experto.

El cáncer pulmonar, broncopulmonar o carcinoma broncogénico es todo aquel tumor maligno, de estirpe epitelial, originado en el revestimiento o las glándulas del árbol bronquial, quedando excluidos los tumores benignos, los pleurales, los metastáticos y otros que aunque comprometen el tejido del tórax se propagan desde territorios vecinos.

Tabaco y pulmones: una alianza difícil

Según los expertos en oncología, de nuestro país, las tasas de incidencia del cáncer de pulmón son muy altas en los países industrializados y latinoamericanos, mientras que son menores en naciones como Sudáfrica y regiones como el sudeste asiático y Asia occidental, aunque ya comienzan a manifestarse un ascenso en las estadísticas también allí. Las variaciones internacionales se explican, principalmente, por la diferencia de prevalencia, en el pasado, del hábito tabáquico. El riesgo tiende a ser más alto en las áreas urbanas que en las rurales. Los estudios epidemiológicos han encontrado asociaciones del riesgo en el tabaco, que constituye el factor más importante habiéndosele atribuido entre el 70 y el 80 por ciento de los tumores de pulmón. El peligro asciende con el número de cigarrillos fumados y la duración de la perniciosa adicción.

“Por lo general, quien ha fumado toda su vida, sea varón o mujer, por igual, tiene entre un 20 y un 40 por ciento más de riesgo de desarrollar cáncer de pulmón que un no fumador. También se observa, en los últimos tiempos, un incremento del peligro en las personas expuestas en forma pasiva al humo del tabaco. En el humo ambiental se concentran más sustancias carcinógenas que en la inhalación directa. Por ejemplo, mientras en el caso del fumador la concentración de esas sustancias dañinas (más de 4.000) llega al 0.6 de una unidad, en la casa de personas no fumadoras se reduce a la mitad (0.3), pero en una discoteca tiene concentraciones de hasta 8 unidades”, confirma el neumonólogo Monteverde, quien se desempeña desde hace 30 años como especialista. También involucra, entre otros factores, a la contaminación ambiental de los núcleos urbanos (estufas, automóviles, industrias), las exposiciones ocupacionales de trabajadores que reciben emanaciones de níquel, cromo, radón, asbesto, alquitrán, arsénico, productos radioactivos, cobre, cobalto y tintas de imprenta y cloruro de vinilo, los factores hormonales de la propia persona que la hacen más susceptible a dicha patología, entre otros. Por otra parte, insiste el experto, existen evidencias epidemiológicas sobre el papel protector de la ingesta de frutas y verduras frescas.

Según cifras del Ministerio de Salud, de Argentina, los tumores de pulmón, son considerados la primera causa de muerte, entre hombres y mujeres. Dicha patología se cobra, al menos, 9.000 vidas por año (una tasa anual promedio, en varones argentinos de 35.0/100.000 habitantes de todas las provincias y en las mujeres es menor, un 9.2 por ciento) y cerca de un millón de vidas en el mundo.

Las frías estadísticas, que muchas veces nos dejan indiferentes, en esta oportunidad, deberían hacernos reflexionar porque representan una verdadera tragedia: la OMS ha dicho que mientras el tabaquismo provoca una muerte cada ocho segundos, a nivel mundial, en Argentina 40 mil personas mueren por año por causas directas o indirectas, relacionadas con este nocivo hábito. Y este “placer que mata” es la causa principal – además y por si fuera poco - de las enfermedades cardiovasculares, las afecciones pulmonares y coronarias, las obstrucciones crónicas (enfisemas) y sobre todo, del cáncer de pulmón, azote número uno en esa lista negra de muertes.

Sobre el tema, el doctor Eduardo Richardet, jefe de Oncología del Hospital Italiano y presidente de la Asociación Argentina de Oncología Clínica (AAOC) ha manifestado, en algunas ocasiones a los medios nacionales, que “hay nuevas combinaciones de drogas que han mejorado la sobrevida y hasta permiten la curación de los pacientes con cáncer de pulmón. Existen estudios, por ejemplo, que demuestran las ventajas de quimioterapia adyuvante (post-operatoria para detener el avance de las células tumorales) luego de la cirugía en pacientes en estadíos 1 y 2. Entre las nuevas asociaciones de quimioterápicas destaca la introducción de gemcitabina, en combinación con cisplatino o carboplatino o el erlotinib, que mejora la calidad de vida de los pacientes con cáncer avanzado”, dijo el oncólogo argentino.

Sin embargo, uno de los problemas que enfrentan nuestros oncólogos es incluir las nuevas drogas dentro de los protocolos nacionales. "En teoría, están reconocidas por el Programa Médico Obligatorio, pero en la práctica no es tan simple -dijo Richardet. Las gerenciadoras de salud no siempre lo entienden así. Por eso buscamos un consenso, no sólo como un intento de tratar mejor a los pacientes, sino también para saber qué es lo que podemos hacer concretamente en nuestro país."

El cáncer de pulmón es la patología más conocida y relacionada directamente con el tabaco. Dicha enfermedad es uno de los cánceres más difíciles de tratar porque es muy dificultoso detectarlo cuando se encuentra en su etapa temprana (estadíos 1 y 2) y tratable porque es silencioso, no presenta síntomas. Afortunadamente, el cáncer de pulmón es, en gran medida, una patología evitable.

Basta tan sólo reparar en los ingredientes del tabaco para darnos cuenta de su nocividad. De sus 4.000 compuestos individuales, incluyendo los añadidos para dar sabor, y de su humo se han identificado 43 como carcinógenos. Entre ellos, la nicotina, por los efectos adictivos físicos y psicológicos que provoca, es uno de los venenos más letales al organismo, pero también podrían enumerarse el alquitrán, el monóxido de carbono, el amoníaco, el cromo, el asbesto, el radón, el arsénico, el cromo, el benceno, etc. Y los especialistas afirman que sólo entre el 20 y el 25 por ciento de los fumadores pueden liberarse del tabaco y el nocivo hábito, incluso con ayuda médica. De ahí que se advierta que 20 cigarrillos cotidianos conducen al cáncer de pulmón entre los 10 y los 20 años posteriores.

“Todo el mundo sabe que el tabaco es nocivo, sin embargo son pocos aquellos que, cuando han adquirido el hábito, renuncian a él. ¿Por qué? La habituación al tabaco y el atractivo que ejerce son tan fuertes que sólo un 20 a 25 por ciento de los fumadores pueden liberarse de esa perniciosa adicción, inclusive con ayuda médica, y ello guarda relación con lo que se sabe sobre las otras drogas, tales como el alcohol, la cocaína, etc. Aún los animales, cuando se los ha habituado a la nicotina y tienen la posibilidad de obtenerla, se la administran con regularidad.

El tabaquismo presenta todas las características de las otras enfermedades provocadas por el abuso de drogas. El fumador es entonces un ADICTO. La nicotina no es el único veneno que introduce el fumador en su organismo, también con cada pitada incorpora un poco de otro veneno no menos nocivo, el alquitrán. Este produce irritación; la mucosa normal reacciona a él con inflamación, hipersecreción y tos, reacciones tendientes a eliminar el tóxico, pero el fumador aprende muy pronto a tolerar y luego a hacer caso omiso a estos signos de alarma. Sin embargo, la impregnación con alquitrán por veinte cigarrillos cotidianos conduce al cáncer entre los diez a veinte años”, ha manifestado el médico argentino, Juan José Braun.

Estadificación y esperanzas terapéuticas.

Al indagar acerca del promedio de curación o el de sobrevida de un paciente con cáncer de pulmón, los oncólogos suelen afirmar que una vez detectado dicho mal es preciso estadificarlo (darle clasificación, de acuerdo con la evolución) para saber el protocolo de recursos terapéuticos a utilizar, el plan de acción para contrarrestar el avance tumoral. La estadificación clínica es resultante del examen semiológico, las radiografías, las endoscopias, las biopsias percutáneas o del mediastino, etc. La estadificación quirúrgica comprende otras técnicas más complejas que pueden ir desde la exploración en el quirófano hasta las biopsias por congelación. Todo ello contribuye, además, a indicar tratamientos complementarios, tales como la quimioterapia (mata o detiene el crecimiento de las células cancerosas por medio de la intervención de puntos específicos del ciclo del crecimiento celular) y la radioterapia (tratamiento de primera línea que actúa sobre la célula tumoral impidiendo su crecimiento, reproducción y provocando, finalmente, su muerte).

Hay curación en el 60 por ciento de los diagnosticados en estadío inicial; entre un 40 y 50 por ciento en la segunda etapa; 25 y 40 en la tercera y ya en la enfermedad localmente avanzada o metastásica, el cuarto estadío, sólo el 20 por ciento tiene una esperanza de vida de entre dos y tres años. Pero lo cierto es que, como recalcan muchos especialistas, uno de los problemas más graves de este tipo de tumor es que va desarrollándose, durante años, sin dar síntomas y que sólo cuando se presentan los signos o síntomas de alarma, en el 75 por ciento de los casos, está ya avanzado.

Mucho se ha progresado en los últimos tiempos en todo lo relativo a las técnicas quirúrgicas, en la evolución del riesgo preoperatorio y en la anestesia torácica, en la salida de una nueva serie de medicamentos para células cancerígenas no pequeñas, localmente avanzadas o metastásica. Ello ha llevado a modestas mejoras en pacientes con estadíos I y II, los estadíos III, que representan en Argentina alrededor de 6 mil casos anuales, también han presentado una sobrevida más tranquila.

Cuando se discute sobre cómo identificar signos precoces de la patología, algo que constituye la clave de la prevención, teniendo en cuenta que la enfermedad presenta síntomas sólo cuando está avanzada, se alega de que en los últimos tiempos los rayos X y el estudio de esputo no mostraron su eficacia para reducir la mortalidad, en tanto otra técnica: la broncoscopía fluorescente tiene utilidad en alrededor del 30 por ciento de los cánceres.

Sobre el tema muchos especialistas concuerdan en señalar que “hace años el cáncer de pulmón tenía una variedad histológica llamada epidermoide o escamoso. Pero como la industria tabacalera percibió que los carcinógenos iban en el alquitrán se empezaron a usar unos filtros para poder absorber y atrapar el alquitrán. Sin embargo, esto también absorbe nicotina, entonces el fumador aspira más profundo y debido a ello el cáncer ha cambiado: ahora es más usual el adenocarcinoma, que es más periférico, y es el que detecta precozmente un tipo de tomografía llamada helicoidal. La fluorescencia revela más los tumores centrales o escamosos. Pero todavía no existe ningún método de búsqueda del cáncer de pulmón en población aparentemente sana que haya mostrado reducir la mortalidad”, explican los oncólogos.

Aunque, recientemente, especialistas de la División Torácica del Hospital de Clínicas “José de San Martín”, ubicado en la Ciudad de Buenos Aires, dirigidos por el Dr. Hugo Esteva, desarrollaron una nueva técnica, denominada la broncoscopía autofluorescente, que descubre las lesiones precancerosas y cancerosas tempranas del pulmón. Ella es emplea en grandes fumadores y en quienes padecen la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, bronquitis crónica y enfisema, además de los enfermos previamente operados por cáncer del pulmón y con cánceres de las vías aéreas y digestiva alta.

Los expertos, entre ellos el Dr. Esteva, han dicho a los medios de comunicación que ese método aumenta en un 50 por ciento la capacidad de detección temprana de lesiones pulmonares, lo que es crucial en Argentina, donde el 70 por ciento de los enfermos se encuentra en estadíos avanzados, al momento del diagnóstico o sea la detección se realiza cuando el mal presentan los síntomas de forma tardía.
La broncoscopía aprovecha la capacidad de las células malignas de acumular sustancias fotosensibles en proporción mayor que las células normales, hecho que se pone de manifiesto mediante la luz proveniente de un láser o una lámpara especial. Bajo esa luz rara y sin efectos colaterales adversos, se manifiesta la menor capacidad de fluorecer de los tejidos malignos y precancerosos. Dicha técnica demuestra que el tejido enfermo o las lesiones premalignas o bronquiales tienen menos fluorescencia que el normal y con ella se detectan los cambios en la “luminosidad” de los tejidos y se pueden indicar biopsias y otros exámenes confirmatorios. Dicha técnica mejora también las perspectivas de tratamiento de los pacientes, en tanto no necesiten recurrir a la cirugía a partir de la detección temprana de la lesión.

El cáncer de pulmón afecta, sobre todo, a personas entre los 55 y los 65 años. El 80% de los casos acontecen en pacientes con más de 50 años de edad. Esta patología es muy poco común en personas menores de 40 años y es más frecuente entre los hombres; la relación de sexos actualmente es de 4 varones por cada mujer. En las mujeres sigue teniendo una menor incidencia, pero ya en algunos países se ha situado en segundo lugar, después del cáncer de mama. La edad promedio de las personas a las que se les detecta cáncer del pulmón es 60 años, aunque cada vez se diagnostican más casos en sujetos jóvenes.

miércoles, 9 de abril de 2008

Accidentes de tránsito: hora de actuar, no de declamar







Obra del pintor cubano, Roberto Fabelo.




Cerca de 19 personas mueren por día; hay casi 7 mil víctimas fatales y unos 120 mil heridos y discapacitados anuales como consecuencia de los siniestros viales, en Argentina. Razones y argumentos de una tragedia cotidiana, que parece no tener fin.


Por: Lic. Juan Carlos Rivera Quintana
Para la Revista “Ahora, la Salud”.



Ocho y cuarenta y cinco, de un sábado de este verano. En la ruta nacional 7, a la altura del kilómetro 167 y a unos 15 kilómetros del paraje Ingeniero Sylveira, cerca de una terminal de ómnibus, del partido de Chacabuco, en la provincia de Buenos Aires, se produce una triple colisión entre tres autos: un Peugeot 206 (donde viajaban dos abuelos con sus nietas mellizas), un Chevrolet Vectra (ocupado por un hombre de 55 años y su hijo de 19 años) y un Ford Fiesta, donde viajaba sólo su conductor. En el acto fallecen todos los ocupantes del Peugeot y otras dos personas resultan heridas y deben ser rescatadas, en estado de shock y semi-inconciencia, de los restos de uno de los vehículos, donde quedaron atrapados.

Según los primeros resultados del peritaje realizado por la policía, uno de los automóviles intentó pasar al otro y ambos chocaron en forma frontal contra el tercer vehículo, casi en el límite de la localidad de Carmen de Areco. Ese mismo día tienen lugar más de seis accidentes de tránsito, tan sólo en la provincia de Buenos Aires, y doce más en el resto del país.

Decir en Argentina: “otro día accidentado”, se está convirtiendo en un lugar común, casi en una redundancia. Porque no pasan 24 horas en las que no se de un accidente de tránsito con las consiguientes pérdidas humanas y materiales e innumerables secuelas físicas y psicológicas para los involucrados, junto a las dificultades para la reinserción social y laboral. Y lo peor de todo es que dicho flagelo puede ser evitado.

Los números crudos y fríos de siniestralidad vial, que se verifican actualmente, están dejando boquiabierta a la ciudadanía argentina que ha comenzado a percatarse de que la inseguridad en las rutas se ha convertido en una verdadera pandemia, en un problema epidémico de salud para toda la nación, que puede tocar a nuestras puertas en cualquier momento, pues nadie está excluido de pasar por esa traumática experiencia; los accidentes de tránsito no tienen rostro.

Repasando algunas estadísticas

Lo cierto es que los accidentes viales están golpeando crecientemente a la sociedad argentina y no se atinan a encarar soluciones con el objetivo de disminuir este azote. Ellos se han convertido en una de las principales causas de muerte e invalidez en nuestro país. Por sólo citar algunos datos: 19 personas mueren por día; hay 6.667 victimas fatales por año y unos 120 mil heridos de distinto grado y miles de discapacitados; las pérdidas económicas del tránsito caótico y los accidentes en la ruta superan los 10.000 millones de dólares anuales, según la Dirección de Vialidad Nacional y otros organismos involucrados.

En el período julio 2006-junio 2007, las aseguradoras cubrieron más de 1.500 siniestros, que implicaron lesiones o muertes. Y si sacamos a la luz la evolución de las estadísticas, de los últimos cinco años quedaríamos patidifusos: tan sólo en el 2007, los accidentes viales provocaron en el país 8.104 muertes (un promedio mensual de 675 y más del 53 por ciento de los fallecidos son menores de 30 años; por lo que cada dos horas muere un joven en un choque de tránsito), según un informe al que nuestra revista tuvo acceso, realizado por la asociación civil “Luchemos por la Vida”, es decir 547 fallecimientos más comparado con el 2006.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, unas 110 personas suelen morir cada año como consecuencia de los siniestros en las vías y sólo en el primer semestre, del pasado año, fallecieron 61 personas, mientras el saldo de víctimas leves fue de 4.974, de acuerdo con cifras del Registro Nacional de Accidentes de Tránsito; guarismos que deben llamar a la reflexión inmediata. Ello nos ubica entre las naciones, que a nivel mundial, ostenta uno de los índices más altos de mortalidad por accidentes en las carreteras.

Sobre el asunto, y al ser consultado por nuestra revista (vía e-mail), el Dr. Alberto Sylveira, presidente de “Luchemos por la Vida”, una asociación civil, sin fines de lucro, encargada de la prevención de accidentes de tránsito procurando que no mueran más personas en infortunios que son evitables, comenta que “La seguridad vial es un tema complejo y requiere un abordaje multidisciplinario y una firme decisión política para el desarrollo de medidas en distintas áreas de acción. Se sabe que son las fallas humanas las que provocan casi el 90 % de los accidentes. El problema principal pasa por el comportamiento de los usuarios de la vía pública. Por ello las acciones que se pongan en funcionamiento hacia el futuro, en todas las áreas en nuestro país, deberán dirigirse a reducir las posibilidades de los usuarios de la vía pública (peatones y conductores) de conducirse arriesgadamente y sufrir accidentes.

“Los controles de tránsito que son eficaces siempre son preventivos. Es imprescindible la efectivización de sanciones severas a los infractores, ya sea descontando puntos de su licencia, en dinero o en trabajos comunitarios, acompañados de cursos para re-educación vial, como se hacen en otros países. Ante tantos anuncios de nuevas leyes de tránsito, sus críticas y reparos, unos y otros ciertos o movidos por mezquindad política, se hace necesario recordar que el objetivo de controlar y sancionar en el tránsito es salvar vidas. Ya es hora de que se tomen medidas serias y definitivas, severas y sin concesiones para que no mueran más ciudadanos argentinos en accidentes evitables. Es hora de actuar, no de declamar”, apunta enfáticamente el experto.

Hablar de las causas

Cuando se indagan el origen de los accidentes viales, los entendidos suelen afirmar que son una compleja amalgama de factores, que pasan por el exceso de velocidad; la entrega de licencias de conducir a personas que no están capacitadas; el consumo de alcohol, drogas o medicamentos de los conductores; el irrespeto a las indicaciones de tránsito; ciclistas imprudentes; el conducir de noche por la ruta (lo que triplica el riesgo de muerte por al menos tres factores: el sueño inevitable, la fatiga y el cansancio, la menor visibilidad y el encandilamiento); la negligencia y falta de educación vial de los peatones en el uso de la vía pública; el mal estado del parque automotor que circula; la necesidad de adaptar la infraestructura existente (rutas y automotores) al reconocido aumento de la producción de vehículos (en la actualidad, se produjo un nuevo récord de venta de autos en febrero, del año en curso, al registrarse 46.534 nuevas unidades vendidas y la proyección de ventas para el 2008 estará cercana a los 620 mil vehículos, según Dante Álvarez, presidente de la Asociación de Concesionarios de Automotores de nuestro país), entre otras razones. Súmesele a ello, los problemas del mal estado de la red vial asfaltada y la falta de autopistas y de vías de circulación para absorber ese crecimiento automotor en muchas provincias, sobre todo del interior del país.

Algunos especialistas de la Red de Vialidad Nacional han acotado que sólo el 20 por ciento de las rutas nacionales argentinas está asfaltado; el 80 por ciento es de ripio, arena o tierra. “De los 2.300 kilómetros que tiene la red caminera argentina apenas el 43 por ciento es utilizable todo el año con cualquier situación meteorológica y climática. Hay que tener en cuenta que en las naciones desarrolladas la cifra supera el 90 por ciento, aún en aquellas con situaciones climatológicas más extremas que la nuestra”, plantean.

Sin dudas, como han perfilado las autoridades de la Dirección de Vialidad Nacional, la velocidad es una de las primordiales causas de muerte por accidentes en las rutas en nuestro país. La mayoría de los conductores de automóviles y camiones en la Argentina consideran que viajar a 120 kms/hs no es ir rápido, aunque después de sobrepasar los 100 kms/hs se necesita de una distancia entre vehículos superior, de varias decenas de metros para frenar y en muchas ocasiones ese espacio no alcanza para evitar la colisión. La imprudencia de quienes conducen a altas velocidades, e incluso desarrollan las llamadas “picadas”, contribuye a agravar las tragedias cotidianas.

También merece análisis aparte el consumo de alcohol y la ingesta de abundante comida. Y no hablamos solamente de conductores ebrios, sino de cualquiera persona que luego de beber dos vasos chicos (250 ml) de vino o cerveza y abundante comida sale a conducir un coche con notoria pérdida de los reflejos y la mengua del flujo sanguíneo en el cerebro, como consecuencia de la digestión. Las estadísticas apuntan que el llamado “alcoholismo social” está presente, como mínimo, en el 50 por ciento de los siniestros viales. Y ni hablar de la ingestión de alcohol con algún psicofármaco o droga ilegal pues esto hablaría de un asesino en potencia con un volante en las manos.

El máximo tolerable permitido para conducir– a juicio de los médicos - es de 0.5 gramos por litro de alcohol en sangre; a partir de los 2.0 gramos por litro de alcohol en sangre, el riesgo de accidentes es 70 veces mayor, en tanto se comienzan a producir alteraciones auditivas y visuales, disfunciones en la capacidad de reacción y en la toma de decisiones, según investigaciones biomédicas realizadas.

Recientemente (20 de enero de 2008), se realizó uno de los tantos operativos de alcoholemia, por parte de la Dirección de Tránsito. Y en esta oportunidad (entre las cinco y las nueve de la mañana), en la intersección de las calles Berutti y el Boulevard costero, en Mar del Plata, quedaron secuestrados 46 vehículos, sobre un total de 350 controlados. Los infractores fueron multados y el Tribunal de Faltas designó el plazo de retención de cédulas verdes y registros de conducir. Sobre el asunto, el director de Tránsito de la provincia, Juan José Arteaga expresó, casi con abatimiento, a un medio nacional, que “lo que se hace es controlar el abuso y los excesos de ingesta de alcohol, que las personas tomen conciencia de que no deben conducir si han bebido".

Dentro de las causales de ascenso de las cifras de muerte se destacan, además, el no uso del cinturón de seguridad, que impide que conductores y pasajeros sean lanzados contra el cristal o fuera del auto y mueran, en caso de accidentes. Todos coinciden en apuntar que el uso del cinturón evitaría en un 50 por ciento de los fallecimientos en accidentes viales.

Salida desde el fondo del túnel


Estudios realizados, hace poco tiempo, en nuestro país por la ONG “Luchemos por la vida” han significado que sólo se libra un acta de infracción por cada 5.925 violaciones de seguridad en nuestro país, por cada 46.178 niños que son trasladados en el asiento delantero de los vehículos, por cada 2.782 faltas del uso del casco en motocicleta o ciclomotor o por cada 17.312 colectivos que violan la luz roja. A su vez la mayoría de las penalidades, establecidas en esas actas, no se hacen efectivas y caducan impagas, después de dos años. Todo ello apunta el incumplimiento sistemático y la falta de severidad de las normas que sancionan las inconductas de quienes transgreden la ley. Este incumplimiento, sin dudas, es consecuencia de la falta de una cultura vial (entiéndase como el comportamiento personal de acuerdo con principios morales y éticos que permite convivir en la vía pública, respetando al prójimo) y una paupérrima educación vial de la Argentina (el conocimiento e ilustración teórica de normas y símbolos que regulan el funcionamiento del tránsito terrestre).

Francisco Astelarra, presidente de la Asociación Argentina de Compañías de Seguros, ha preguntado, recientemente, en un editorial escrito para los medios, hasta cuándo permaneceremos inmóviles como sociedad, sufriendo el flagelo de los siniestros en las vías pues “todos somos responsables. La acción del Estado es ineludible, pero el cambio de comportamiento de los ciudadanos es imprescindible”. Además ha evaluado como altamente positiva la reciente iniciativa del Poder Ejecutivo Nacional, al enviar al Congreso y al Senado un proyecto de ley, que propone diversas acciones para remediar los problemas de tránsito y de seguridad vial en nuestra nación pues es preciso diseñar una verdadera política estatal en esta materia.

Hay que tomar en consideración que, en nuestra nación, la frecuencia de siniestralidad (el número de accidentes, dividido por el número de vehículos asegurados) aumentó un 63 por ciento, el pasado año, o sea el número de desastres creció un 63 por ciento más que la cantidad de autos asegurados y alrededor de un 30 por ciento de los automotores en circulación no tienen seguro alguno. Es tal el impacto económico de los siniestros viales que se estima superan el 1 por ciento del Producto Bruto Interno argentino.

En la actualidad, el Senado, después de arduas discusiones entre los distintos bloques que conforman esa Cámara, ha aprobado dicho proyecto de ley, que pondrá en marcha un nuevo Plan de Seguridad Vial a nivel nacional (que reforma la vetusta Ley Nacional de Tránsito No.24.449) y que, entre sus principales medidas establece la creación de una Agencia de Seguridad Vial (presidida por el Ministro del Interior, y tendrá como función la coordinación, evaluación y diseño de medidas estratégicas orientadas a bajar la tasa de siniestralidad en nuestras rutas); la creación de un Registro Nacional de Licencias de Conducir ( fijará una licencia única, que seguirá siendo emitida por los municipios, pero previa consulta y aprobación del Registro Nacional de Estadísticas de Seguridad Vial, quien está encargado de recabar todas las informaciones sobre siniestros e infracciones cometidos por cada conductor); la transferencia de un Registro Nacional de Antecedentes de Tránsito, desde la órbita del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, al ámbito de la Agencia Nacional de Seguridad Vial; el sistema de puntos o scoring y la prohibición de la venta de bebidas alcohólicas en todos los establecimientos, ubicados en las rutas nacionales, entre otras medidas. También se prevé la creación del Observatorio Nacional de Seguridad Vial, que investigará las causas y los efectos de las infracciones y los siniestros, con el fin de sugerir medidas preventivas; se incluye la instauración de un modelo único de infracción; la revisión técnica obligatoria de todo el parque automotor y otras medidas de seguridad adicionales, como la doble bolsa de aire para la amortiguación de impactos, el sistema interbloqueo de frenos, un dispositivo de alerta acústica de cinturón de seguridad y hasta la fiscalización del sistema de monitoreo satelital de vehículos de transporte automotor de pasajeros y cargas, de carácter interjurisdiccional.

El proyecto de ley deberá ser discutido, prontamente, por la Cámara de Diputados, pero volverá en segunda revisión al Senado, por lo que su sanción definitiva podría demorar hasta la segunda quincena de marzo. Por lo todo parece indicar que estamos próximos a encontrar una salida en desde el fondo del túnel.

Sobre el tema, el Dr. Alberto Sylveira, presidente de la asociación civil “Luchemos por la Vida”, apunta que el Sistema de Evaluación Permanente de Conductores (SEPC), recientemente sancionado por la Legislatura, en la Ciudad de Buenos Aires, que establece premios y castigos para el otorgamiento de las licencias de conductor en el ámbito de la capital y apunta a la creación de un cambio cultural en el respeto a las normas de tránsito “dio excelentes resultados en otros países. Pero podríamos decir que ésta es una versión ‘light’ comparada con los países desarrollados y avanzados en Seguridad Vial. La ‘licencia por puntos’ o scoring debe estar enmarcada en un marco de controles eficaces y sanciones efectivas. En los países desarrollados es exitoso ya que es un ‘ajuste de tuerca’ para perfeccionar el sistema de controles y sanciones existentes. Sin esos reconocimientos y sanciones, es poco útil, ya que a ningún infractor se le restarán puntos al no ser detectadas sus conductas. ¿A quién le van a quitar los puntos si no se controla ni sanciona? Suponiendo que saquen y haya personas que queden inhabilitadas para conducir: ¿quién va a controlar que no lo hagan? ¿Un cuerpo de tránsito poco preparado como lo fue la Guardia Urbana?

Vale destacar que el SEPC asigna 20 puntos a cada titular de una licencia de conducir, otorgada por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y esos puntos irán disminuyendo en función de las infracciones cometidas al Código de Tránsito. Al llegar a cero, el conductor quedará inhabilitado por lapsos que varían entre 60 días y 5 años, según la falta cometida y las reincidencias.

“Además, un punto cuestionable de la norma – sigue analizando el directivo de la ONG - es que establece que se debe identificar al infractor (salvo en el caso de exceso de velocidad), por lo que muchos transgresores no serán sancionados. También es negativa la exención de asistir a la charla de concientización y actualización al renovar la licencia si el conductor no sufrió descuento de puntos los últimos dos años, así como el escaso puntaje a perder por falta de uso del cinturón de seguridad o casco. Por otra parte, a la Ciudad de Buenos Aires todos los días ingresan conductores con licencias otorgadas por muchos de los municipios del Gran Buenos Aires, los cuales no serán alcanzados por la sanción, por lo que se hace imperiosa la necesidad de que la provincia implemente un sistema similar.

Nuestro interlocutor, al referirse a los nuevos anuncios relacionados con el Plan de Seguridad Vial, lo califica de importante y positivo. “Sin embargo, la aplicación de este Plan es muy complicada, tras los muchos pasos legislativos que insumirá (luego de ser sancionado por el Congreso Nacional deberá ser refrendado por cada provincia y por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) para que finalmente entre en plena vigencia. Pero lo más difícil será su puesta en práctica efectiva. Si fuera así, sería muy positivo”, vaticina con optimismo el especialista.