Juan Carlos Rivera Quintana nació en una isla - en Cuba - y un buen día decidió salir de ella a mirar el mundo y buscar otros aires. Él quería alcanzar otros horizontes más personales e intelectuales y decidió construir su propia casa - su islaenpeso - y desde ahí presentar sus inquietudes periodísticas y literarias, sus crónicas de viajes, obsesiones y nostalgias. Acá, en esta geografía, sin mar cercano que lo aleje, se siente totalmente libre.
lunes, 14 de julio de 2008
Surfear en lo turbio

Obra de la artista cubana, Sandra Ramos
"Eres y serás lo que recuerdas, / lo que una vez llegaste a imaginar”,
de Reinaldo García Ramos, en La quietud).
Pisar el rellano, el descansillo de la vida
imaginando un pedazo de ventana que no muestra
perspectiva alguna,
sólo una pequeña sombra descolorida, un alarido
que viene desde adentro, desde las lacias tripas
intolerantes al crecimiento atípico e impávido de sus células
a la patología que carcome y necrosa/ al tumor
que lo engulle todo.
Descender abruptamente el escalón, caer, levantarse
con las manos enrojecidas (adoloridas por el batacazo)
con la boca pastosa, acompañando esa luz menstrual,
casi uterina
que el semen no alcanza a conmover y fundir/ a procrear
Degustar una cena recalentada e insabora
detrás, de una voz radial, en off que rompa la rutina
intentando acariciar por dentro el cuenco del tímpano
y sólo conseguir un lamento oscuro, un pozo ciego
sin olor a mar, una caja negra intelectualmente vacía
donde la rutina vaga disonante hasta el escondrijo
comatoso de la axila indiferente al desodorante matinal.
Surfear hasta donde llegue el impulso y caer como un amasijo
caliente que entumezca la lengua, que te atragante y paralice
como un eructo repentino
en medio de una conversación formal, que aparece
semejante a cierta desazón muda,
que te saca las ganas vespertinas de orinar y te eclipsa
hasta los ojos.
Sólo entonces es que te traigo de vueltas, al comienzo/
sin rellanos ni descansillos
sin ventanales ni cenas disonantes, evadiendo formalidades
que pulvericen esa ligadura/ sin altares con festejos afros.
Y te retengo en el silencio, te exprimo completamente/
hasta lo inadmisible intentando resucitar viejos tiempos,
pero son sólo eso: vanos intentos de resucitación forzosa,
traqueotomías
de puertas abiertas que buscan aires portuarios y salitre
en una ciudad temerosa/ contraria al mar.
¿No sé qué hacer cuando todo se detiene y confundo los olores
y sonidos? Entonces las ganas intentan evaporarse tibiamente/
me paralizo/ dejo de surfear en lo revuelto y siento músicas raras,
que me quitan las fuerzas de seguir encima de la tabla por temor a
caer en las fauces de los tiburones.
¿No sé si darte de comer como a las avecillas raras, inventarte
un mar sin corrientes traicioneras o echarte lejos de mi almohada hosca
hasta que recuerdes?
14, enero 2008.
El arca de Noé

Obra del artista argentino, Sergio Merayo.
Es cierto: “el derecho a ser héroes se conquista”
Slogan revolucionario
Hemos perdido la tierra desde que comenzó el diluvio,
en esta diminuta arca sólo se escucha el ronquido
de ratas y palomas,
feliz destinos para las aguas feroces
que terminarán inundándolo todo con la procacidad
de buscar un nuevo orden.
Sostuve la centella azul con mis dientes,
pero nunca me fue entregada la llave para llegar
a paraíso firme. Anduve, caí, adopté la risa del pez
con la llama y su eterno crepitar de lentejuelas
circulando muy cerca de las alas del diablo,
sólo que el mar borró, una vez más, mis huellas
sobre la arena.
Gocé de las pesadillas en la oscuridad del foso
imaginando recalar en una ribera sin la memoria
de otra partida.
Alguien torció la cuerda en medio de la tempestad
y algunos corazones frágiles escucharon el tañer
del arpa con sonrisas de vencidos a la deriva.
Nuestra suerte esta escrita: somos un amasijo
de bestias y ángeles con una costumbre enfermiza
para las tristezas y los perdones.
Sólo que unos pocos siguen buscando un puerto seguro
donde recostar su espalda o una playa desierta
sin arenas movedizas.
Mientras, yo escribo e imagino bienvenidas
en este río rojizo a donde no llegará el arca
con su angustiosa manía de no alcanzar el horizonte.
Buenos Aires, 9 de julio 2005.
Noche de Pesaj

Obra del artista argentino, Sergio Merayo.
"Mi corazón no es una puerta
sino el recurso de los fusilados
una pared endeble y arañada
si acaso".
(Poema XXXII, de Juan Antonio Molina)
En el marco de la ventana está la copa de vino/
circuncidada con el mejor licor sangre de Cristo,
allí yace pese a los socavones de la noche
y la lluvia de agua bendita que cae de un cuadro crucificado
en el dintel de la puerta.
En la esquina de la máscara recién lavada para sostener nuestros silencios
está el recipiente con sabor a uvas amargas para el profeta Elías,
que pasará entre las sombras a beber del contenido y seguir su camino.
A cambio nos dejará como testimonio de su existencia: la copa vacía,
esa implacable luz que no consigo apartar de tu plomiza calma.
Tengo para regalarte en esta Noche de Pesaj un pez que me traje,
para recordarte siempre mi desdicha por no tener un mar
que apacigüe el aliento.
¿Qué puedo hacer si me equivoqué de rumbo y siempre sentí hostilidad hacia
los cuadrantes y los mapas desplegados?
Nunca supe que en esta vitrina estaba ausente el mar
para eternizar las palabras.
Tengo para entregarte estos dos lápices con que escribiré de las peleas
y las lanzaré al fondo del pozo para sostener los sueños que naufragan
entre las brasas y el aleteo agónico de las mariposas que socorren la terraza.
Hablo de un tiempo de raras celebraciones y liturgias de mazapán
que se escabullen entre los visillos de nuestras borrosas ventanas.
Pero el reloj transcurre como el silbido
de un tren que sube una escarpada colina sin dejar rastros/
sòlo la quieta huella devorada
por los huesos frágiles de estos tontos amantes.
No quiero que anochezca sin mirarte de frente
pues siempre cargo con estas valijas
hacia mi propio encuentro y aún queda abundante vino en tu sabio nombre.
Estoy moviendo a la deriva mis huesos dentro de un túnel
y la canción de las cítaras es engañosa.
Sobre las claras tempestades homicidas temo mucho
que lo dicho ya lo hayas escuchado en otra historia.
Eres tan inocentemente torpe que no consigues entender
que cuando cruzas los brazos sobre tu pecho soy yo el que resucita.
jueves, 10 de julio de 2008
Ala rota

Obra del artista cubano, Pedro Pablo Oliva.
“Soy el pez de la bahía/ el de las corrientes grises/
el que amanece otra vez bajo los barcos/ o bordea la
costra de petróleo en el diario desuso de la vida”.
Apremios (1989) Ada Elba Pérez.
Hay un rostro de ángel arrebatado de equilibrio
harto de la oquedad de los discursos y las herejías,
develando su torpeza frente a los espejos,
dando portazos ante algún asomo de ciudad húmeda
perdida en un pasillo intransitable.
Cansado ha venido a intentar su último ascenso
su despegue/ antes de estrellarse contra el diente de perro
y la palabra inválida de cierta ala sujeta a una cabeza,
al borde del precipicio y la colina.
Hay un rostro amarillo desde su retrato
hinchado por el miedo que le cuece la pupila.
Nadie salvará su caótica plenitud de crisantemo roto
su sediento vagar por los confines del mundo
tras el polvo extraviadamente gris
de una sospechosa despedida.
Sus sueños no volverán a tener aquella vocación de altura
aquel existir de cometa blanco de domingo,
frágil memoria de vuelo roto hasta el cansancio,
angustia de pájaro acorralado por el rugido del mar.
Después sólo escucharemos el eco peligroso y la caída,
cierto derrumbe danzante que no alcanza el equilibrio,
pretexto vacuo para erigir un monumento de hélices quebradas
en medio del camino.
Juan Carlos Rivera
jueves, 3 de julio de 2008
Uno

Obra del artista cubano, Pedro Pablo Oliva.
"(...) engañosamente se presenta como el confín
de la promesa que miente con labios de oro".
Un bamboleo frenético, de Virgilio Piñera.
Uno es como un fantasma que anda los caminos
con la voz apretada y las sonrisas escondidas
buscando la verdad como alquimia de
existencia
repleto de caballos cerreros/
orinando en cada almendro que relame el mar
con la firme certeza de encontrar el equilibrio
aunque sólo camine sobre muelles podridos.
Uno es el frío, la terrible doblez de la ventisca
que renueva sus atuendos
en otro cuerpo maniatado por las interrogantes,
acosado por los recuerdos de quienes reconstruyen su propia
desmemoria. Uno es tantas mentiras que no dijo/
tantas verdades que inventó/ tanto hombre insatisfecho
en una ciudad equivocada /Uno es tanta presencia
hambre-desvelo-rama-de-árbol-retorcida-corazón-sangrante
cama-triste-noche-áspera-con olor a desconsuelo ensangrentado.
Uno es tanto nuestro padre ante el espejo,
tanto preservativo mugriento/
tantos silencios dentro de los ojos/
tanto-oportunismo-enmohecido
enmascarado-a mansalva-por-las-manos/
tantas traiciones esperando
en las esquinas. Uno es tantos muros que se caen/
la insoportable desesperanza de aquellos
camalotes arrojados al río.
Cuando pasa el miedo somos eso, follaje golpeado
contra las veredas
verdades como putas que se derrumban en los casinos.
Uno es tantas cosas que no tuvo tanto desconsuelo enmascarado
tanta-mirada-tibia.
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