jueves, 3 de enero de 2008

Amistad II






Obra del pintor argentino, Carlos Tessarolo.





Tengo espinas en las manos para recoger los despercios/de los
amigos que se alejan,/sabrán ellos que el mar es, también, un
pedazo ambivalente de mapa cartográfico/donde se localizan
desventuras y duermen mariposas sin aliento./La tabla salvadora
casi siempre es un naufragio que se arriesga/y un pedazo de ventana
por donde se asoman dos cuerpos carcomidos/En el muelle sólo
quedarán las olas, esa interminable oscuridas que un día compartimos/
cuando inventábamos sombras para nuestros árboles,/ y raíces que
nunca rompieron entre piedras./No hay derecho a tanta lanza/
si el hombre es mucha amasijo de deseos y ángeles caídos/
y su voz dulce alarido ante el abismo./No hay derecho a la estocada
final/no hay amigos infinitos,/no hay naufragios,/no hay ofrendas,(
no hay intentos.

Amistad I








Obra del pintor argentino Carlos Tessarolo.








Qué ofreciste a los otros cuerpos desnudos/saturados
por el silencioso triunfo del anonimato,/cuando pretendías
salvar a los seres humanos/de las garras suicidas del tedio y la mansedumbre./Cuántas palabras volaron por las ventanas
en los instantes en que sólo las constelaciones y
las ecuaciones del viento te auguraban el riesgo de
preguntas sin respuestas./No es una sábana tibia lo
que exploras en las madrugadas,/ni el éxito efímero
de la amistad a pruebas de traiciones,/buscas el discreto encanto
de los sonidos vírgenes,/y las transparencias humanas
de cada encuentro./Más allá de tus conceptos y barricadas
este cántico-homenaje tiende sus corceles al fuego, /
alerta ante los nuevos derroteros de las costumbres
de moda,/y la inmadurez de tu almanaque que se
resiste a las experiencias de la vida.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Confesiones y cataclismos





Obra del pintor cubano, Nelson Domínguez.











“Dios está en la taberna bebiendo como un condenado”.(Elsa Claro, Dios el hombre).

Hoy no es día de peregrinaciones y plegarias
a los Doce Apóstoles,
Dios cerró las puertas de su templo,
aburrido de tanto augurar para los vivos
el juicio final.
Los inconformes se revuelven allá abajo,
claman a gritos una vendetta para sus almas
que jamás encontrarán la anunciada paz de
los sepulcros.
Doce campanadas descubren los traumas que
proporciona la espera,
sin embargo, siguen germinando las semillas
en el establo,
y la Divina Providencia empeña su existencia
en las cartas del Tarot.
El prójimo está cansado de tocar a las ventanas
pidiendo las monedas escondidas como naipes,
ha desgastado sus talones sin recibir ni una caricia
que huela a comunión ni a pecados santificados
con agua de Iglesias.
Cierto ángel incineró las alas en una plaza;
abandonó sus catecismos para siempre,
las noticias del día le tildan de traidor y hereje,
como si la herejía no fuera un don de la santa natura.
Se habla de cataclismos en los canteros del jardín,
¿Será que Dios mantiene cerrada las puertas de su templo
y ya nadie quiere creer en las confesiones a viva voz?

El genio de la duda








Obra de la pintora cubana, Zaida del Río.




A mi madre, por su espera de cuatro años. Buenos Aires, 25 de febrero de 2003.

Con la neblina partirá el profeta
a lanzar semilla en sitio ajeno
y a iniciarlo todo.
Ya no tendrá la madre cerca, en su ciudad,
el rayo de sol, la profecía agorera
de su bola de cristal.
Una esquina ruidosa para recostar su calma,
endebles de un naipe equivocado.
Con la primera neblina partirá el profeta
a tantear el mundo con el genio de una lámpara
y una pócima milagrera ante la duda
de una tabla desolada.
Después no habrá más códigos ni leyes
ni palabras para calificar todo lo innombrable
la imprecisión también puede salvarnos
cuando la saeta se dispara, y el profeta ya no vuelve.

Cábala









Obra del pintor cubano, Nelson Domínguez.






También yo quise tener una cábala para inventar enigmas y dormité bajo un vientre con olor a cenizas y limón maduro. Nadie me esperó a la salida del puerto con un pañuelito blanco y tampoco escuché la feracidad de un río refrescando la rivera entre árboles sin luces a punto de fenecer por tantas sombras. Silencios, sólo silencios acompañaron mi andar de paje sin cortesanas ni bufones en cortes que sólo existieron para recordarme que nunca fui noble. También yo blandí mi espada por las causas justas, sólo que mi dardo siempre tuvo la punta mellada y hasta ciertos cristales azucarados con que dorar la píldora al enemigo. Yo también tuve una máscara que nunca usé en las noches orgiásticas de abril pues era más necesario tener guantes blancos para no mancharse las manos con tanta abulia y un pequeño espejito de lata que recordara orígenes y evitara caídas sin sobresaltos. Cuándo podrán romperse estas ataduras al borde de la hoguera sin dejar que cueza sangre en esta olla tiznada, triste remedo de la lumbre que un viajero posó sobre mi cábala. Ya no descifro enigmas y temo a la leña con olor a cenizas y limones maduros, aburrido de tanta punta mellada, guantes blancos y faroles que ya no prenden ni cuando se escucha el pregón matinal. Al parecer ya no se despierta nadie.

Foto de mi cumpleaños.

jueves, 20 de diciembre de 2007

En tiempos difíciles, de Heberto Padilla (1932-2000).



Obra "Amor de arlequín", del pintor argentino Carlos Tessarolo.




Un homenaje justo al libro "Fuera del juego",
(1968), de Heberto Padilla, que marcó mi madurez.



A AQUEL HOMBRE le pidieron su tiempo
para que lo juntara al tiempo de la Historia.
Le pidieron las manos,
porque para una época difícil
nada hay mejor que un par de buenas manos.
Le pidieron los ojos
que alguna vez tuvieron lágrimas
para que contemplara el lado claro
(especialmente el lado claro de la vida)
porque para el horror basta un ojo de asombro.
Le pidieron sus labios
resecos y cuarteados para afirmar,
para erigir, con cada afirmación, un sueño
(el-alto-sueño);
le pidieron las piernas,
duras y nudosas,
(sus viejas piernas andariegas)
porque en tiempos difíciles
¿algo hay mejor que un par de piernas
para la construcción o la trinchera?
Le pidieron el bosque que lo nutrió,
con su árbol obediente.
Le pidieron el pecho, el corazón, los hombros.
Le dijeron
que eso era estrictamente necesario.
Le explicaron después
que toda esta donación resultaría inútil
sin entregar la lengua,
porque en tiempos difíciles
nada es tan útil para atajar el odio o la mentira.
Y finalmente le rogaron
que, por favor, echase a andar,
porque en tiempos difíciles esta es, sin duda, la prueba decisiva.