miércoles, 26 de diciembre de 2007

Cábala









Obra del pintor cubano, Nelson Domínguez.






También yo quise tener una cábala para inventar enigmas y dormité bajo un vientre con olor a cenizas y limón maduro. Nadie me esperó a la salida del puerto con un pañuelito blanco y tampoco escuché la feracidad de un río refrescando la rivera entre árboles sin luces a punto de fenecer por tantas sombras. Silencios, sólo silencios acompañaron mi andar de paje sin cortesanas ni bufones en cortes que sólo existieron para recordarme que nunca fui noble. También yo blandí mi espada por las causas justas, sólo que mi dardo siempre tuvo la punta mellada y hasta ciertos cristales azucarados con que dorar la píldora al enemigo. Yo también tuve una máscara que nunca usé en las noches orgiásticas de abril pues era más necesario tener guantes blancos para no mancharse las manos con tanta abulia y un pequeño espejito de lata que recordara orígenes y evitara caídas sin sobresaltos. Cuándo podrán romperse estas ataduras al borde de la hoguera sin dejar que cueza sangre en esta olla tiznada, triste remedo de la lumbre que un viajero posó sobre mi cábala. Ya no descifro enigmas y temo a la leña con olor a cenizas y limones maduros, aburrido de tanta punta mellada, guantes blancos y faroles que ya no prenden ni cuando se escucha el pregón matinal. Al parecer ya no se despierta nadie.

Foto de mi cumpleaños.

jueves, 20 de diciembre de 2007

En tiempos difíciles, de Heberto Padilla (1932-2000).



Obra "Amor de arlequín", del pintor argentino Carlos Tessarolo.




Un homenaje justo al libro "Fuera del juego",
(1968), de Heberto Padilla, que marcó mi madurez.



A AQUEL HOMBRE le pidieron su tiempo
para que lo juntara al tiempo de la Historia.
Le pidieron las manos,
porque para una época difícil
nada hay mejor que un par de buenas manos.
Le pidieron los ojos
que alguna vez tuvieron lágrimas
para que contemplara el lado claro
(especialmente el lado claro de la vida)
porque para el horror basta un ojo de asombro.
Le pidieron sus labios
resecos y cuarteados para afirmar,
para erigir, con cada afirmación, un sueño
(el-alto-sueño);
le pidieron las piernas,
duras y nudosas,
(sus viejas piernas andariegas)
porque en tiempos difíciles
¿algo hay mejor que un par de piernas
para la construcción o la trinchera?
Le pidieron el bosque que lo nutrió,
con su árbol obediente.
Le pidieron el pecho, el corazón, los hombros.
Le dijeron
que eso era estrictamente necesario.
Le explicaron después
que toda esta donación resultaría inútil
sin entregar la lengua,
porque en tiempos difíciles
nada es tan útil para atajar el odio o la mentira.
Y finalmente le rogaron
que, por favor, echase a andar,
porque en tiempos difíciles esta es, sin duda, la prueba decisiva.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Síndrome de máscaras
















"Anatomicums No. 62", de Alfredo Sosabravo.

Sobre el lecho de las angustìas
la explosión comienza a mudar mi rostro.
Ya no seré aquel con mirada de árbol de
oscuras fuentes
o el cazador de desgracias y felicidades ajenas
que cierta vez jugó a las tinieblas y desde
entonces perdió el sendero,
recostado sobre la piedra para construir el mundo.
Tampoco dispondré de ironías y desatinos,
todo mi ser se purifica y enloda como si cada
24 horas volviera la primavera con máscaras y flores
robadas en el jardín ajeno.
Usted no sabrá nunca mi verdadero nombre,
recién trato de buscarlo pero se escapa entre
secretos abiertos
de una palabra con olor a frasco sellado
y fragancia de muebles comprados al usurero.
Descubro ante el abismo los cuerpos marcados por
las estaciones de las apariencias
y esa sensación de calma que sòlo sienten
quienes por un segundo blasfemaron del pròjimo
o sintieron verguenza ante un apetito mundano.
Es imprescindible la balanza en los tiempos del
apocalipsis,
aunque la lògica falle no necesitaremos presentaciones
en este proscenio de mirar al infinito.

Equilibrista


















"Anatomicums", del ceramista cubano, Alfredo Sosabravo.


El rincón del camino se hace piel
en las pupilas del payaso,
quien aprendió a sentir un profundo rencor
por cada aplauso inmerecido de la carpa,
pero continúa durmiendo con los ojos abiertos,
por temor al rechazo público.
Ese rincón se transforma en abrigo
sobre las espaldas del mago,
olvida sus últimos trucos frente a las luces
y anuncia conejos por palomas negras
sin ruborizarse ante al mentira "inocente".
Una varita mágica puede hacerse muro impenetrable
ante los ojos del domador,
perdió la cabeza por impaciente y aún sus leones
le ayudan a buscarla...
¿Fraternidad en la desgracia?
El rincón se hace caminos en las manos y los pies
del equilibrista
quien no teme a los saltos mortales sin mallas salvavidas
y siente lástima por los que rinden culto a la rutina
como si la vida fuera caminar perennemente por una
cuerda floja.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Mendrugo de la duda





Obra de Roberto Fabelo, pintor cubano.






Comienzo a apedrear a mis fantasmas/ los destierro y los lanzo
contra las cuatro esquinas más oscuras/ les escupo el rostro ya
sin máscaras/ les hago el amor con toda la saña del mundo/ les
fabrico historias y papeles protagónicos que nunca tuvieron/ me
averguenzo de haberles conocido y escondo sus retratos/ y de noche
cubro los espejos con una sábana para que no se me aparezcan/Cuánto
camino retorcido y mal cruzado/ cuánto andamio caído y palabras
extravíadas por las ventanas/ cuánta nube gris tapando el horizonte
sin otra hazaña que matar el cielo/ Sus carnes comenzaron a ser mis
tiranías/ardiendo en otros cuerpos sin hogueras/ sacra fetidez la de
estas cenizas esparcidas y recicladas en otras espaldas y balcones.
Asedio los desperdicios que me dejaron las sombras y
los echo al basurero pues quiero limpiarme de brújulas
errantes y equivocadas/ ya no tengo tiempo para deambular
por los rincones buscando a mis próximos viajeros y temo
dejarlos justo en el andén menos seguro/ La duda siempre
será el precio que pagaremos/el réquiem para los más
débiles de espíritu y los más fuertes de carne/
Vómito la euforía y el insomnio que con tanto sadismo
derramaron sobre mí y les pongo un vaso de agua clara
cerca de una oración para espantar la aridez de cierto
disfraz de oveja que alguien regaló en noches de San Lázaro/
Seguro que habrá más tiempo para mirar otra pantalla muda/
cristal sin rostro, monstruos atentos,cerbatanas que maldije,
complicidades que no tuve/caricias que no me regalaron,
ojos que ya no incineran el alma/
mendrugos que en demasía pueden hacer zozobrar
el pequeño bote.

Jugar a ser tinieblas







"Dualidad", de Zaida del Río.





Sólo la contemplación y el desahogo
salvará a estos inconformes.
cuando el óleo se derrame sobre el cuarto
y una sábana con flores sea el puente entre estas dos almas,
y ciertos pasajeros de las corazonadas.
¿Quién oculta amaneceres si hasta el sol esconde sus destellos
y decidió jugar a ser tinieblas?
No desnudes el alma ante un desconocido
que te mire demasiado y busque entre tus vísceras
un tortuoso camino que descienda la colina.
Faltan diez años para que el dibujo quede inconcluso
sobre el piso de la sala y tú vuelvas a decir
que simplemente ya no existes,
porque incineraste los fantasmas tras un pincel mojado en humo.
Me desnudo y contemplo cuántos desatinos
ocultan las acuarelas y esmaltes sobre este cuerpo,
envuelto en el miedo de una habitación sin puertas ni ventanas.
Suele ser tan grotesco eso de amarse sin acariciarse el alma.