viernes, 18 de julio de 2008

Isla adversa




Obra del pintor cubano, Nelson Domínguez.










“Dentro están las cosas en su sitio
las crestas
el azul
las heces apacibles (...)”
Apremios (1989), Ada Elba Pérez.

el mar se me suicidó a pedazos,
fue cayendo poco a poco, a mansalva
dentro de mi corazón
y terminó inundándolo.
con él se fugó toda la extensión de la playa
y el sabor de algún rocío extraño
cuando soñaba con la inmensidad
que no se alcanza.
soy testigo de cierta obcecación insular
que no conoce límites
cuando las olas baten contra los farallones
y hacen peligrar el mustio silencio de inoportunas ceguedades.
He subido hasta mi último peldaño para reencontrar
su inmensidad, para escuchar su rumor oscuro
rodeándolo todo
y apenas alcanzo a divisar su traicionera calma
su espesura de signos su encantadora embriaguez
su bofetada traidora justo al borde de un camino
que alguien denominó encrucijada.
Siempre soñé con el mar y su ademán de sombras
infinita frontera entre tanto viento y territorio
blasfemia desaforada que reniega de códigos y dobleces
y lo engulle todo.
Mi mar es otra mentira entre ceja y ceja
una fiesta antigua otra alegoría que me salva/
procacidad convertida en largo sufrimiento
apodado trampa, cárcel, cerco, concilio, simulación, desconcierto.
Mi mar es una isla adversa/
otra frontera innecesaria.

Juan Carlos Rivera
Buenos Aires, 19 de julio de 2001. Sin mar.
Día del amigo.

jueves, 17 de julio de 2008





Gema Corredera y Pavel Urquiza, "La lengua".

Complejo de culpas




Obra del artista cubano, Roberto Fabelo.



La gente está perdiendo razones
se esconde en las almohadas y los rincones
de las maletas,
pues juega a no aparecer hasta
el Día de los Fieles Difuntos.
La gente ya no canta como antes el Ave María,
ni sale a la calle a mirar el sol sin espejuelos,
la retina se ha convertido en un artículo
de primerísima necesidad,
en este planeta ya sin petróleo ni mariposas.
Desde que se inventaron los asteroides
ya no amamos las 24 horas
hasta el amor empalaga y enferma el estómago
con peligro de muerte.
Todo hace suponer que para las próximas Navidades,
dejaremos los remordimientos pegados a los almanaques;
saldremos a la calle en el segundo tren, que en esa ocasión
llegará en tiempo,
a imaginar paraísos y viejos amigos,
los mejores antídotos contra las cicatrices.
Sé que no bastan oraciones para arreglar el jardín de esta casa
la hierba y el cieno salpicaron los tejados
un buen día en que el Diablo realizaba su caridad pública
comenzaba el juego de lo imprevisible.
La gente está perdiendo razones y se inventa naufragios
y batallas,
para saberse vivos, que es una forma de estar en paz
con los suicidas,
y no caer en la trampa de quienes esconden almohadas y maletas
a riesgo de morir de una enfermedad que ahora llaman
complejo de culpas.

Juan Carlos Rivera Quintana,
ya sin culpas por la salida de emergencia/ a tiempo

Filosofía.



Obra de la artista cubana, Zaida del Río.




"Es hora de descubrirnos; pienso, de encontrarnos
desnudos y puros, como si regresáramos del Viaje"
Poemas de "El retorno de Ulises", de Eduardo López Morales.



Adónde vamos sin contradicciones antagónicas ni lucha de clases

bajo aguas torrenciales que enlodan los caminos.

Quiero amordazarme la boca para gritar porqué he vivido/

entre mis manos anidan bandadas

de codornices que se rompieron las alas por tanto Viaje.

Voy aniquilando tempestades con tanta náusea,

desgranando infértiles semillas de maíz /

enterrando sinsabores con cierta mística que me sirve de coartada.

Recién abandonados en la otra orilla

seguimos enterrando nuestros demonios

escondiendo los huesos esparcidos por las guerras de los otros

como temblor podrido sobre nuestras camas.

¿Quién recuerda bajo qué árbol roncaba Dios cuando

otros arañaban los altares y tocaban a las puertas

pidiendo limosnas para el ayuno del Siguiente Día?

Adónde caminamos sin destino cierto

con la razón tímida de un naufragio en altamar,

si equivocamos el camino que ya no conduce al ángel

que pretendimos ser.

Adónde vamos cuando la casa se enmohece y sólo

queda la carcoma para acariciar la pared generosa

y cierta garganta adolorida para pedir perdones y decapitar

rutinas arrancadas por la voces de los que nunca se pronunciaron.

Trato de escribir en la oscuridad un nombre con sabor a derrotero

pero se me escapa hacia el precipicio del frío pensamiento

que alguien llamó filosofía.

¿Adónde iremos cuando los hijos crezcan

y ya no recuerden nuestros nombres?

¿Adónde estaremos cuando se agoten las contradicciones de clases

y peregrinar sea sólo un concepto censurado en los libros de texto?

¿Hacía dónde vamos? ¿De dónde venimos con tanta pólvora escondida?

martes, 15 de julio de 2008

Inacción en el establo vacío



Obra "La quimera", de la artista italo-argentina Mara Marini.




“(...) esperando cada día, cada noche, esa otra luz
que no vigila la persecución de algún objeto”.

Reina María Rodríguez, en Violet Island


Me engullo la codicia y el ruido del agua que dejaron mis padres sobre la mesa/ me trago hasta la última palabra que no dijeron/ aquel error de cálculo cuando mi madre ovulaba sin guantes blancos/ ademanes y explosiones de un quinqué que encendió a destiempo./ Lo masticó todo/ hasta el polvo de mis muertos y el alquitrán en mis narices./ Ya no tengo tiempo para tanto drama aburrido/ para tanta aparición inmóvil que me ronda/ Todo se cuece y se hace pensamiento/ náusea que no cesa/ rebuznar de campana justo a la hora suicida/ sexto piso con balcón indiferente./ Vuelvo a la esquina a buscar nuevos brotes y sólo encuentro un sexo improbable/ agujero de establo vacío/ migas que alguien esparció cuando la liviandad se volvía tedio./ Estoy desnudo frente a la cruz, cae la piedra y se comienza a cerrar el nudo sobre mi cuello. /Amanece en la región antigua y todo huele a toalla húmeda/ a pupila seca/ a oxígeno sucio en un retablo que nunca ha llegado a parecerme ajeno./ Los párpados legañosos intentan limpiar mis suciedades/ comen de mi alimento con impúdicos gestos de hambre insatisfecho/ me corroen por dentro las asperezas/ rinden culto a un cuerpo que cambió y acumuló adiposidades para siempre./ El tiempo es fusilado sin juicios sumarísimos/ es el arte de una legalidad que clava su aguijón entre las carnes de los vivos./ Lo improbable vuelve a ser ecuación segura/ anhelo de paraíso cercenado por la vida./ Mientras tanto, yo sigo allí, en la mesa abandonado a la inacción/ al desdén de la pesada puerta/ simulando tanta delicia que atraviesa mis entrañas/ alimentándome de las migas dejadas por los otros.

22- mayo de 2003.
Buenos Aires

Cábala





Obra de la serie
"Pájaros", de la artista
italo-argentina Mara Marini



A Dulce María Loynaz, la mejor de todas.

También yo quise tener una cábala para inventar enigmas y dormité bajo un vientre con olor a cenizas y limón maduro. Nadie me esperó a la salida del puerto con un pañuelito blanco y tampoco escuché la feracidad de un río refrescando la rivera entre árboles sin luces a punto de fenecer por tantas sombras. Silencios, sólo silencios acompañaron mi andar de paje sin cortesanas ni bufones en cortes que sólo existieron para recordarme que nunca fui noble. También yo blandí mi espada por las causas justas, sólo que mi dardo siempre tuvo la punta mellada y hasta ciertos cristales azucarados con que dorar la píldora al enemigo. Yo también tuve una máscara que nunca usé en las noches orgiásticas de abril pues era más necesario tener guantes blancos para no mancharse las manos con tanta abulia y un pequeño espejito de lata que recordara orígenes y evitara caídas sin sobresaltos. Cuándo podrán romperse estas ataduras al borde de la hoguera sin dejar que cueza sangre en esta olla tiznada, triste remedo de la lumbre que un viajero posó sobre mi cábala. Ya no descifro enigmas y temo a la leña con olor a cenizas y limones maduros, aburrido de tanta punta mellada, guantes blancos y faroles que ya no prenden ni cuando se escucha el pregón matinal. Al parecer ya no se despierta nadie.

Oveja fuera de rebaño








Obra "No te miro", de la artista italiana, residente en Argentina, Mara Marini.










“(...) honrado será el que no altere la
balanza de pesar las culpas/ y valiente
quien acepte el castigo/ y ha de crecer
quien comience a andar después de haber caído”.

Éxodo, Celima Bernal.

Vengo de desahogar mis rabias
bajo el árbol de las lamentaciones
con mi atormentado esqueleto ya sin piel
lacerante y bordado de magulladuras
a punto de quebrar el cristal que le
inmuniza de los cuervos inclementes.
A quién le regalaré la terquedad de este sollozo
y quién recibirá la última mirada compasiva
cuando el tumulto arrastre río abajo
la certidumbre que me seca.
Los amigos no imaginarán cuánto recé por ellos,
recostado sobre el brocal del pozo
donde apenas se dibuja el fantasma
de alguien que deseó crucificarme
tramando con alevosía y prepotencia
sus silencios.
De nada servirá que cadáveres y máscaras
con caras de Dr. Jekyll y Mr. Hyde,
torpemente abandonadas en el recodo de mi espalda,
intenten convertirme en el ser taciturno que fallece
o que alguien disfrazado de Dios
asesine su ternura con gestos de premeditada resurrección.
Lejos, tan cerca de la agónica palabra que se pudre
sigo almacenando la alquimia de quienes
saludan y aplauden la furia de la oveja
fuera del rebaño, ante las nuevas luces del mundo.