Cataratas de Iguazú, lado argentino.
Juan Carlos Rivera Quintana nació en una isla - en Cuba - y un buen día decidió salir de ella a mirar el mundo y buscar otros aires. Él quería alcanzar otros horizontes más personales e intelectuales y decidió construir su propia casa - su islaenpeso - y desde ahí presentar sus inquietudes periodísticas y literarias, sus crónicas de viajes, obsesiones y nostalgias. Acá, en esta geografía, sin mar cercano que lo aleje, se siente totalmente libre.
sábado, 9 de agosto de 2008
Astillas

Obra del artista cubano, Ernesto García Peña.
"Cada uno crea
de las astillas que recibe".
Juan José Saer, de El arte de narrar.
de la arboleda del abuelo
no queda
más que el leve roce
de las amarillentas hojas
del mango/
la calma extraña de la flor blanca
de los naranjos/
donde jugaba a las escondidas
intentando que siempre me hallaran
para perderme.
también sólo persiste el raro hedor
del almendro/
donde una vez sangré toda la infancia,
con un pico de botella ambarino
en el que abuela guardaba
su aceite de hígado de bacalao
para su tos convulsa,
después de masticar su tabaco en las noches,
bajo la luz brillante del quinqué de querosìn.
de aquel mamoncillo que daba a la ventana,
de la cocina de tablas pulidas
como un puente para escapar de ciertas
novelas que se hacían rosa en la vega
sólo aguardan las raíces afincadas
en la tierra colorada
como un puñado de piedras,
que gastaban mis zapatos colegiales
y de domingo
camino a la mata de anón
en la búsqueda de aquellos nidos de tomeguines,
que nunca
tocaba por temor a desatar un maleficio
de madre pájara ultrajada
por un pésimo cazador furtivo;
era sólo un observador asombrado
entre cuerpos reales de palmas erguidas
que jugaban a lanzar sus racimos
para alimentar el corralón de chanchos
que terminaban sus días envueltos entre
hojas de guayaba/
y sazones campesinos de ajo, naranja agría
con ajíes de la puta de su madre,
acostados sobre parrillas humeantes de algarrobos
con olores "levantamuertos";
entrar a la arboleda demiurga y centenaria
era como un ritual oscuro,
que me dejaba casi exangüé
donde se desanudaban los conjuros
de la vieja Mercé
entre cintas de todos los colores
y jícaras de coco/
rocíadas con aguardiente de caña de azúcar
que alguien (nunca supe quién)
ofrendaba a los dioses para romper sortilegios
y alargar la vida terrenal de la familia.
Hoy que ni abuelo, ni abuela, ni madre
están conmigo (pero me acompañan)
siento aún cuando la puerta del gran comedor
se abre en las madrugadas y la abuela
filtra el agua del pozo sobre la piedra porosa
con destino a la tinaja siempre fría,
preparando el desayuno y haciendo el pan
en el horno de barro,
que le regaló su madre (en señal de aprobación)
cuando decidió escaparse
para siempre con mi abuelo
en un alazán cerrero y blanco;
a lo lejos aún escucho el mugir de la vaca "Paloma"
con sus tetas hinchadas y dolorosas de tanta leche
y huelo el aroma dulzón de la marmita y el carbón
por la mermelada de la frutabomba/
(más conocida como papaya)
por su semejanza a un sexo abierto de mujer;
cierro los ojos y aún estoy allí
bajo la arboleda/
queriendo (siempre vanamente, ahora sé) detener
ese terrible enemigo -cono de sombra - que
tardiamente identifiqué: el tiempo
aquel veneno que todo lo difumina y devora.
Sábado 9 de agosto, de regreso a Buenos Aires, desde Foz de Iguazú.
viernes, 1 de agosto de 2008
Anunciación de otro milenio

Obra del artista cubano, Ernesto García Peña.
"Somos la mitad de un dios
sacrificado entre piedra y ternura"
Intimo delirio, de Edgardo Gugliermetti.
Te creíste con inocencia la leyenda del bandoneón desafinado
en una esquina/ mortaja vulnerable atravesada en la boca de Dios
cual garganta desafiando la penumbra
que se persigna y enmudece para cambiar el rumbo.
De norte a sur viaja siempre la multitud que aguarda
concierto de presagios con olores a noticias tristes y a
muchedumbres flotando en medio del mar hondo,
naufragios de venas tibias con máscaras para la
hora de los simulacros / pretexto convertido
en piedra sumisa de tiempo oscuro allí donde no llegó la luz.
Oigo un chasquido de pies que vaticinan las fogatas/
sin banderas blancas no habrán más enfrentamientos/
un rey de bastos se transforma en tempestades que saben a palabras/
se respira desperdicios de puerto y los cañones comienzan
a derrumbar las fortalezas y los postigos vírgenes.
¿Buscaremos otros refugios?
Sobre la brisa mojada siempre quedará la tierra que no pude llevarme
mis juguetes abandonados y las esquelas que no leí por equivoco.
Mientras tanto, seguiremos frente al Río que muere de tedio
entre artículos amarillentos y señores que lanzan sus últimos suspiros
a la entrada de los puentes donde los ángeles custodian
la liturgia sagrada de la Anunciación del Nuevo Milenio.
martes, 29 de julio de 2008
"Fields of Gold" (Campos de oro), interpretado por Eva Cassidy
Eva Cassidy (2 de febrero/1963-1996), mi cantante preferida, ha obtenido elogios mundiales al ser una intérprete sin igual de temas como "Fields of Gold", de Sting, y clásicos como "Over the Rainbow", (los cuales se encuentran en su álbum "Songbird", de 1998). Lamentablemente, Eva Cassidy falleció el 2 de noviembre de 1996 después de luchar contra un melánoma de piel. Sólo tenía 33 años de edad. Su voz prístina y su elección de canciones sólo añadieron intensidad a sus grabaciones que hicieron más efectiva a su música. Pero si ella hubiera vivido, su capacidad para hacer que cualquier canción sonara como nueva por medio del poder de su voz aún hoy le permitiría obtener los bien merecidos elogios que, lamentablemente, nunca vivió para ver.
Irónicamente, ella nunca quiso ser cantante profesional, pues trabajaba de jardinera paisajista mientras vivía en Bowie, en las afueras de Washington DC, donde finalmente la persuadieron para que cantara el álbum "Live At Blues Alley" (1996), en los clubes de la zona. Después de reunirse con el productor e ing. de sonido, Chris Biondo y de incorporar estilos folk, jazz, gospel y blues, grabó canciones desde el tradicional "Oh, I Had a Golden Thread" hasta "Songbird"; la mayor parte de este material fue lanzado de forma póstuma en compilados tales como "Eva By Heart".
Eva Cassidy, sin lugar a dudas, es una de las grandes cantantes de la historia musical nortemericana y aunque su lugar en la música popular de esa nación es discutible todavía, no se puede negar el poder de sus grabaciones y el toque mágico al convertir todo lo que cantaba en memorable; de estar aún con nosotros cuánto hubiera logrado.
Imperfectamente la nada

Obra del artista cubano, Nelson Dominguez.
“(…) el ojo lascivo/
socavando la pesada mugre del tiempo/ enamorando”.
El David, de Francisco Morán.
Ni siquiera fantasear que existe algún deseo/
una metáfora perdida en cierta esquina opaca.
Ni siquiera imaginar que haya arrojado su cuerpo
en el camino, despojado sus ropas, saciado su sed/
en el vino ácido de un cántaro roto,
donde atan sus tristezas los bienaventurados de este mundo,
(los peregrinos).
Yo conocí a cierto señor con embarcaciones de poco lastre/
las bendecía con los reflejos proveniente de algún faro fantasma
en la medianía ignota de una isla con mala prensa/
las lanzaba al mar con la furia de Odiseo,
sin pensar en algún puerto seguro
sólo en un derrotero ilusorio fuera de sus costas,
en una escapada a tiempo.
Somos imperfectamente la nada/
esa luz irreflexiva que lo cobija todo
sin pensar en los animales cabizbajos que van al matadero.
Somos imperfectamente la vigilia/
las escaramuzas y equívocos de algún pescador
que se pierde en la inmensidad que lo eterniza.
Somos la nada imperfecta/
un grano de arroz en un plato de lentejas rancias
que nadie come/
peces claros que saltan dentro de la tarralla y el morral
para terminar sin cabeza, puestos en orden de prioridad
en alguna sartén dorada con poco aceite.
Somos imperfectamente el deseo
el impasible ocio que atraviesa la ventana
para dar luz a un velador estéril,
donde alguien lee este tonto poema
imaginando marineros y putas que invitan a beber
sin aliento en ciertas tabernas con puerto oscuro de fondo.
Siempre el instante imperfecto del encuentro/
eternizará el incurable hedor a tregua en alguna cama al amanecer.
27 junio de 2005.
Buenos Aires, día húmedo si los hay.
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