Juan Carlos Rivera Quintana nació en una isla - en Cuba - y un buen día decidió salir de ella a mirar el mundo y buscar otros aires. Él quería alcanzar otros horizontes más personales e intelectuales y decidió construir su propia casa - su islaenpeso - y desde ahí presentar sus inquietudes periodísticas y literarias, sus crónicas de viajes, obsesiones y nostalgias. Acá, en esta geografía, sin mar cercano que lo aleje, se siente totalmente libre.
martes, 29 de diciembre de 2009
Katharine McPhee, interpreta I'll Be Home For Christmas. Es una de las voces más prometedoras de los Estados Unidos y una de las mujeres más hermosas de esa nación. Nació el 25 de marzo del 1984 en Los Ángeles (California). Se mudó con su familia y hermana a Sherman Oaks a los 12 años. Su gran aptitud y capacidad provienen de su familia, en concreto de su madre, Patricia Burch McPhee, cantante de cabaret. Fue ella quien decidió educarla desde que descubrió su don, a la edad de dos años. Su padre, Daniel McPhee, es productor de televisión y su hermana mayor, Adriana Burch aspira a ser productora. McPhee tiene ascendencia irlandesa, escocesa y alemana.
En 2002, se graduó en Notre Dame High School. Tras ser rechazada en distintos castings y audiciones, se presentó a la audición convocada en San Francisco para el concurso televisivo de jóvenes talentos del canto nortemericano, llamado: American Idol donde despertó un gran interés por sus dotes vocales, interpretando obras como
"God bless the Child" de Billie Holiday; "My destiny" y "Somewhere Over The Rainbow", a capella , pieza inmortalizada por la gran Judy Garland que le valieron un gran número de seguidores y el segundo lugar del certamen. En 2008 se publica su primer single, "Over it" y un primer gran disco, que lleva su nombre. Ese mismo año debutó en la pelicula The house Bunny (La Casa de las Conejitas) y está próxima a sacar su segundo disco "Unbroken", para enero del próximo año.
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música internacional
sábado, 19 de diciembre de 2009
Espasmódico baile, bautizado mar

Obra del artista cubano Cundo Bermúdez
“Pero soy esto, la mala roca que busca
erupcionar en las entrañas del poema,
parir su libertad, sin nombres,
como un islote escondido entre las olas”.
Abel González Facundo, “La isla de Virgilio”.
La masa de agua fosca y verde me devolvió su resaca
cierta rabia de naufragio justo en medio de la nada,
como un buque fantasma que junta cadáveres
y luego los devuelve a la orilla
para que sean enterrados en el limo putrefacto.
El mar se fue amontonando en mi espalda, en mis costillas/
entre los confines de mis piernas, por tanto peregrinar
amputado a hachazos, a punta de cuchillo/ por tanto camino salobre
y espasmódico entre tablas salvavidas que desaparecen tragadas
por esa porción de líquido difuso al que todos vuelven en rito/
(recordar que sólo el culpable regresa dos veces a la escena del crimen)
para agradecer al silencio que le da fuerzas, que lo alienta a seguir
o perderse entre la multitud de la gran ciudad donde nadie repara en nadie.
En definitiva, ese es el sino de los que rompen sus naves,
partir para retornar a un muelle equivocado/
intentar reconstruir su existencia para terminar siendo ni de aquí ni de allá.
Yo también heredé una gabarra, un pedazo de barcaza
para cambiar el cuadrante difuminado a fuego, pero nunca reparé
en la isla adónde nacía, ni en la inexistencia de un camino de ripio para la estampida donde esconder los infortunios que bucean algún antídoto justo cuando cae la tarde (y todo se inmoviliza).
Entonces salgo a la proa y siento la caricia salobre y obstinada
esa música atávica del ir y venir que todo lo disipa, engulle y corroe/
lanzo mi velamen sobre las cabezas y desato los cabos
para franquear una salida del puerto, observo las bollas y tuerzo el rumbo,
puras veleidades intelectuales de ciudadano que olvidó su lugar
y ahora intenta habitar otros dominios, aunque sólo sea pura ilusión
trasnochada de alguna pesadilla no contada a su psicoanalista.
Escapo, huyo, me sumerjo, pero apenas es una alucinación
como recordar cementerios, epitafios y piedras sobre bóvedas que nunca puse
antiguas pesadillas para cuando ya no quede ni mar, ni barcaza, ni bollas y el muelle se haya esfumado en la neblina del tiempo.
21 de octubre, sin sextantes ni brújulas.
Adele es una impecable artista londinense que poco a poco fue adquiriendo popularidad en el mundo de la música por sus exquisitos y delicados trabajos.En la actualidad su fama y su desempeño interpretativo le ha hecho ganar dos Premios Grammy, y una notoria cantidad de fans. Su primer sencillo fue publicado en octubre de 2007 en un vinilo de edición limitada, y al poco tiempo de ser lanzado, su música tuvo un gran impacto en todos los adeptos de este género, impulsando a Adele al estrellato. El punto fuerte de esta cantante es su delicada voz, un decir bien particular, con mucho de jazz y de cancionera intimista, casi de piano bar, que deja una gran marca de pasión en cada uno de sus temas. Estudio música en la escuela de artes BRIT School (mismo complejo donde estudiaron artistas como Katie Melua, Leona Lewis, Kate Nash y Amy Winehouse).
viernes, 11 de diciembre de 2009
Cómplices palabras

Obra de mi amiga Yudit Vidal Faife.
"No creo en las palabras (...) las he visto afirmar/ negar, mentir
al pie de los altares y patíbulos".
Armando de Armas, Sobre la brevedad de la ceniza.
Las palabras se incrustan mutiladas contra mis contra mis cristales
se parapetan en mi placard y gimotean tras mis pasos,
heridas/ dolidas/dañadas/prostituidas/cansadas
se desangran bajo la escalera,
tropiezan unas contra otras al borde del abismo,
se tocan impúdicamente sin pensar en sus géneros y concordancias/
en sus tildes y acentuaciones, en si son diptongos o
triptongos/ llanas o agudas/ sin recato hacen el amor/
desfachatadas/ procaces/ sin pensar en el qué dirán/
sólo en el goce momentáneo/ en la cabalgata cansina de la vigilia,
en la agonía del naufragio, en los estertores de un faro sin olor a mar.
Poco a poco se travisten, se camuflan como voces cómplices
aquí en esta noche/ sobre mi mesa de luz,/ tras los ojos
y los rictus de las máscaras que cuelgan de mi sala./ Se escabullen
dentro de la almohada y no me dejan respirar; me cortan el aliento/ pues temen descomponerse, infectarse, destriparse, engullirse, parecer en el intento/
su egoísta espíritu de trascendencia las malogra (¡y las salva!),
las entierra bajo el lodo de un monótono cementerio en La Tablada, /
las enferma de miedo y lo que es peor... les nubla el entendimiento,
la razón./Mis palabras confunden fronteras, geografías, nortes y sures/
galopan histriónicas por el mundo, con caras de mosquitas muertas/ o malsanos rubores egocéntricos, / arder en la pira son su sino,
cenizas sus afanes/ mojarse hasta los huesos su tarea/ son como
las ausencias de una Habana extramuros,
que ya me resulta extranjeramente ocre.
Mis palabras se mueren de tedio, gritan, insultan sin sentido,
se matan de risa con afilada boca,
diseñan su orgía, su festín de vida o muerte... Cortadas a la
medida/ se lanzan tras su presa/ desvarían por un elogio
que les levante el ánimo/ por un secreto que decir/ juntas
trazan estrategias de ataques y lisonjas: antípodas de un plan mayor,
para el momento oportuno/ para la hora de la puñalada por la espalda.
Mis palabras buscan una camisa de fuerza, algún psicofármaco para sedar
ciertas botellas de vino para seducir, se quitan el polvo y su carcoma
y lo hacen con profesionalidad, con sutilezas universitarias,
con estudiada altanería de diccionario enciclopédico español.
En definitiva, son ellas - todas - un amasijo de hierros mohosos,
un brebaje hecho ex profeso para colegialas y malevos,
charcas putrefactas donde se hospedan larvas de mosquitos,/
perfumes de free shop de algún viejo aeropuerto sin controlador aéreo.
Peregrinas, sin concilio, traman su partida y su llegada/ diseñan su
reducto/ buscan su buhardilla, su telo, su letargo, su vigilia.
Por eso, cuando cierro la boca me atraganto, vomito, me mareo,
sube mi presión arterial/ una rara sensación de acidez/ se hospeda bajo
mi lengua y sale fétidamente hacia afuera./Por eso es que soy
también de los que nunca ha creído en ellas,/ las colecciono
en frascos asépticos para los días de exámenes de sangre
y análisis de orina/ e intento, de vez en cuando
- y por desquite -
empujarlas por el tragante del baño, a donde van a parar
los miasmas pútridos del día.
Buenos Aires, ya sin palabras.
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