lunes, 14 de julio de 2008

Noche de Pesaj




Obra del artista argentino, Sergio Merayo.




"Mi corazón no es una puerta
sino el recurso de los fusilados
una pared endeble y arañada
si acaso".
(Poema XXXII, de Juan Antonio Molina)


En el marco de la ventana está la copa de vino/

circuncidada con el mejor licor sangre de Cristo,

allí yace pese a los socavones de la noche

y la lluvia de agua bendita que cae de un cuadro crucificado

en el dintel de la puerta.

En la esquina de la máscara recién lavada para sostener nuestros silencios

está el recipiente con sabor a uvas amargas para el profeta Elías,

que pasará entre las sombras a beber del contenido y seguir su camino.

A cambio nos dejará como testimonio de su existencia: la copa vacía,

esa implacable luz que no consigo apartar de tu plomiza calma.

Tengo para regalarte en esta Noche de Pesaj un pez que me traje,

para recordarte siempre mi desdicha por no tener un mar
que apacigüe el aliento.

¿Qué puedo hacer si me equivoqué de rumbo y siempre sentí hostilidad hacia

los cuadrantes y los mapas desplegados?

Nunca supe que en esta vitrina estaba ausente el mar

para eternizar las palabras.

Tengo para entregarte estos dos lápices con que escribiré de las peleas

y las lanzaré al fondo del pozo para sostener los sueños que naufragan

entre las brasas y el aleteo agónico de las mariposas que socorren la terraza.

Hablo de un tiempo de raras celebraciones y liturgias de mazapán

que se escabullen entre los visillos de nuestras borrosas ventanas.

Pero el reloj transcurre como el silbido

de un tren que sube una escarpada colina sin dejar rastros/

sòlo la quieta huella devorada

por los huesos frágiles de estos tontos amantes.

No quiero que anochezca sin mirarte de frente

pues siempre cargo con estas valijas

hacia mi propio encuentro y aún queda abundante vino en tu sabio nombre.

Estoy moviendo a la deriva mis huesos dentro de un túnel

y la canción de las cítaras es engañosa.

Sobre las claras tempestades homicidas temo mucho

que lo dicho ya lo hayas escuchado en otra historia.

Eres tan inocentemente torpe que no consigues entender

que cuando cruzas los brazos sobre tu pecho soy yo el que resucita.

jueves, 10 de julio de 2008

Ala rota








Obra del artista cubano, Pedro Pablo Oliva.










“Soy el pez de la bahía/ el de las corrientes grises/
el que amanece otra vez bajo los barcos/ o bordea la
costra de petróleo en el diario desuso de la vida”.
Apremios (1989) Ada Elba Pérez.


Hay un rostro de ángel arrebatado de equilibrio
harto de la oquedad de los discursos y las herejías,
develando su torpeza frente a los espejos,
dando portazos ante algún asomo de ciudad húmeda
perdida en un pasillo intransitable.
Cansado ha venido a intentar su último ascenso
su despegue/ antes de estrellarse contra el diente de perro
y la palabra inválida de cierta ala sujeta a una cabeza,
al borde del precipicio y la colina.
Hay un rostro amarillo desde su retrato
hinchado por el miedo que le cuece la pupila.
Nadie salvará su caótica plenitud de crisantemo roto
su sediento vagar por los confines del mundo
tras el polvo extraviadamente gris
de una sospechosa despedida.
Sus sueños no volverán a tener aquella vocación de altura
aquel existir de cometa blanco de domingo,
frágil memoria de vuelo roto hasta el cansancio,
angustia de pájaro acorralado por el rugido del mar.
Después sólo escucharemos el eco peligroso y la caída,
cierto derrumbe danzante que no alcanza el equilibrio,
pretexto vacuo para erigir un monumento de hélices quebradas
en medio del camino.


Juan Carlos Rivera

jueves, 3 de julio de 2008

Uno




Obra del artista cubano, Pedro Pablo Oliva.









"(...) engañosamente se presenta como el confín
de la promesa que miente con labios de oro".

Un bamboleo frenético, de Virgilio Piñera.



Uno es como un fantasma que anda los caminos

con la voz apretada y las sonrisas escondidas

buscando la verdad como alquimia de

existencia

repleto de caballos cerreros/

orinando en cada almendro que relame el mar

con la firme certeza de encontrar el equilibrio

aunque sólo camine sobre muelles podridos.

Uno es el frío, la terrible doblez de la ventisca

que renueva sus atuendos

en otro cuerpo maniatado por las interrogantes,

acosado por los recuerdos de quienes reconstruyen su propia

desmemoria. Uno es tantas mentiras que no dijo/

tantas verdades que inventó/ tanto hombre insatisfecho

en una ciudad equivocada /Uno es tanta presencia

hambre-desvelo-rama-de-árbol-retorcida-corazón-sangrante

cama-triste-noche-áspera-con olor a desconsuelo ensangrentado.

Uno es tanto nuestro padre ante el espejo,

tanto preservativo mugriento/

tantos silencios dentro de los ojos/

tanto-oportunismo-enmohecido

enmascarado-a mansalva-por-las-manos/

tantas traiciones esperando

en las esquinas. Uno es tantos muros que se caen/

la insoportable desesperanza de aquellos

camalotes arrojados al río.

Cuando pasa el miedo somos eso, follaje golpeado

contra las veredas

verdades como putas que se derrumban en los casinos.

Uno es tantas cosas que no tuvo tanto desconsuelo enmascarado

tanta-mirada-tibia.

miércoles, 18 de junio de 2008

Isla adversa








Obra de la pintora cubana, Amelia Pelàez.







“Dentro están las cosas en su sitio
las crestas
el azul
las heces apacibles (...)”
Apremios (1989), Ada Elba Pérez.




el mar se me suicidó a pedazos,
fue cayendo poco a poco, a mansalva
dentro de mi corazón
y terminó inundándolo.
con él se fugó toda la extensión de la playa
y el sabor de algún rocío extraño
cuando soñaba con la inmensidad
que no se alcanza.
soy testigo de cierta obcecación insular
que no conoce límites
cuando las olas baten contra los farallones
y hacen peligrar el mustio silencio de inoportunas ceguedades.
He subido hasta mi último peldaño para reencontrar
su inmensidad, para escuchar su rumor oscuro
rodeándolo todo
y apenas alcanzo a divisar su traicionera calma
su espesura de signos su encantadora embriaguez
su bofetada traidora justo al borde de un camino
que alguien denominó encrucijada.
Siempre soñé con el mar y su ademán de sombras
infinita frontera entre tanto viento y territorio
blasfemia desaforada que reniega de códigos y dobleces
y lo engulle todo.
Mi mar es otra mentira entre ceja y ceja
una fiesta antigua otra alegoría que me salva/
procacidad convertida en largo sufrimiento
apodado trampa, cárcel, cerco, concilio, simulación, desconcierto.
Mi mar es una isla adversa/
otra frontera innecesaria.

Juan Carlos Rivera
Buenos Aires, 19 de julio de 2001. Sin mar.
Día del amigo.

martes, 17 de junio de 2008

Cómplices palabras







Obra del pintor cubano, Humberto de Jesús Viñas García.



”No creo en las palabras (...) las he visto afirmar/
negar/mentir/al pie de los altares y patíbulos”.
Armando de Armas, “Sobre la brevedad de la ceniza”.



Las palabras se incrustan mutiladas contra mis cristales
se parapetan en mi placard y gimotean tras mis pasos,
heridas/ dolidas/ dañadas/ prostituidas/ cansadas
se desangran bajo la escalera,
se tropiezan unas contra otras al borde del abismo,
se tocan impúdicamente sin pensar en sus géneros y concordancias/
en sus tildes y acentuaciones, en si son diptongos o triptongos/
llanas o agudas, sin recato hacen el amor/ desfachatadas/
procaces/ sin pensar en el qué dirán/
sólo en el goce momentáneo/ en la cabalgata cansina
de la vigilia, en la agonía del naufragio,
en los estertores de un faro sin olor a mar.
Poco a poco se travisten, se camuflan como voces cómplices
aquí en esta noche sobre mi mesa de luz,
tras los ojos y los rictus de las máscaras que cuelgan en mi sala.
Se escabullen dentro de la almohada y no me dejan respirar, me cortan el aliento,
pues temen descomponerse, infectarse, destriparse,
engullirse, perecer en el intento/
su egoísta espíritu de trascendencia las malogra (¡y las salva!),
las entierra bajo el lodo de un monótono cementerio en La Tablada,
las enferma de miedo y lo que es peor...les nubla el entendimiento,
la razón.
Mis palabras confunden fronteras, geografías, nortes y sures
galopan histriónicas por el mundo, con caras de mosquitas muertas
o malsanos rubores egocéntricos,
arder en la pira son sus sinos, cenizas sus afanes/
mojarse hasta los huesos su tarea/
son como las ausencias de una Habana extramuros.
que ya me resulta extranjeramente ocre.
Mis palabras se mueren de tedio, gritan, insultan sin sentido/
se matan de risa con afilada boca
diseñan su orgía, su festín de vida o muerte....Cortadas a la medida
se lanzan tras su presa/
desvarían por un elogio que les levante el ánimo/ por un secreto que contar/
juntas trazan estrategias de ataques y lisonjas: antípodas de un plan mayor
para el momento oportuno/ para la hora de la puñalada por la espalda.
Mis palabras buscan una camisa de fuerza, algún psicofármaco para sedar
ciertas botellas de vino para seducir, se quitan su polvo y su carcoma
y lo hacen con profesionalidad, con sutilezas universitarias,
con estudiada altanería de diccionario enciclopédico español.
En definitiva, son ellas – todas- un amasijo de hierros mohosos,
un brebaje hecho ex profeso para colegialas y malevos,
charcas putrefactas donde se hospedan larvas de mosquitos,
perfumes de free shop de algún viejo aeropuerto sin controlador aéreo.
Peregrinas, sin concilio, traman su partida y su llegada
diseñan su reducto/ buscan su buhardilla, su telo, su letargo,su vigilia.
Por eso, cuando cierro la boca me atraganto, vomito, me mareo
sube mi presión arterial/ una rara sensación de acidez
se hospeda bajo mi lengua y sale fétidamente hacia fuera.
Por eso es que soy también de los que nunca ha creído en ellas,
las colecciono en frascos asépticos para los días de exámenes de sangre
y análisis de orina
e intento, de vez en cuando - y por desquite -
empujarlas por el tragante del baño,
a donde van a parar todos los miasmas pútridos del día.


Buenos Aires, ya sin palabras, 9-03-2007.

viernes, 13 de junio de 2008

María Enchilá



Grupo Musical María Enchilá, de música tradicional cubana, donde toca la trompeta mi hijo Carlitos.

lunes, 9 de junio de 2008

Confesiones y cataclismos





Obra del pintor cubano Manuel Mendive.








“Dios está en la taberna bebiendo como un condenado”
(Elsa Claro, Dios el hombre)


Hoy no es día de peregrinaciones y plegarias
a los Doce Apóstoles,
Dios cerró las puertas de su templo,
aburrido de tanto augurar para los vivos
el juicio final.
Los inconformes se revuelven allá abajo,
claman a gritos una vendetta para sus almas
que jamás encontrarán la anunciada paz de
los sepulcros.
Doce campanadas descubren los traumas que
proporciona la espera,
sin embargo, siguen germinando las semillas
en el establo,
y la Divina Providencia empeña su existencia
en las cartas del Tarot.
El prójimo está cansado de tocar a las ventanas
pidiendo las monedas escondidas como naipes,
ha desgastado sus talones sin recibir ni una caricia
que huela a comunión ni a pecados santificados
con agua de Iglesias.
Cierto ángel incineró las alas en una plaza;
abandonó sus catecismos para siempre,
las noticias del día le tildan de traidor y hereje,
como si la herejía no fuera un don de la santa natura.
Se habla de cataclismos en los canteros del jardín,
¿Será que Dios mantiene cerrada las puertas de su templo
y ya nadie quiere creer en las confesiones a viva voz