domingo, 7 de octubre de 2007

Olga Orozco: El embrujo de las palabras (Crónica porteña)



Obra de la pintora surrealista española, Remedios Varó.





Desaparecida hace unos cuatro años, su poesía causó gran impacto en el mundo de las letras hispanoamericanas. Con su obra intentó: "trastornar todos los tiempos, confundirlos, barajarlos; resucitar a los muertos; vivir otras vidas".

Por: Juan Carlos Rivera Quintana.
Crónica publicada originalmente en el portal Mujerurbana.com


Siempre recordaré a la poetisa argentina Olga Orozco leyendo un poema de su libro Los muertos (1952) a un absorto grupo de escritores, en el centro cultural "Babilonia", mes y medio antes de su desaparición física. Aquella noche, su poema parecía un presagio. Le costaba trabajo respirar y se notaba muy cansada, triste y enferma. Aún así mantenía la voz grave y la dicción impecable: "Yo, Olga Orozco, desde tu corazón digo a todos que muero./ Amé la soledad, la heroica perduración de toda fe,/ el ocio donde crecen animales extraños y plantas fabulosas/ la sombra de un gran tiempo que pasó entre misterios y alucinaciones,/ y también el pequeño temblor de las bujías en el anochecer/(...) Ellos han muerto ya./ Se habían elegido por castigo y perdón, por cielo y por infierno./ Son ahora una mancha de humedad en las paredes del primer aposento", terminó recitando en esa ocasión y durante casi cinco minutos aplaudimos a aquella mujer, mezcla de hechicera y maestra, de avecilla rara y melancolía.
A Olga le gustaba definir a la poesía como el intento de apremiar a Dios para que hable y decía que los poetas creen en las palabras como si fueran mariposas en libertad. "En cambio, los académicos parecen entomólogos exponiéndolas incrustadas en alfileres".
Con más de quince poemarios publicados a lo largo de su carrera profesional, Olga comenzó su vida creativa en l946 cuando vio la luz su primer cuaderno poético: Desde lejos y cerró su ciclo con el libro: Relámpagos de lo invisible (1998). Sin dudas, su cuadernillo más conocido y recordado se trata de Con esta boca, en este mundo, que se editó en l994. Sobre dicha obra, ella reconoció que "estaba hecha de ausencias, agonías y pérdidas" En sus 43 años de prolífico trabajo, donde convirtió su poesía en una de las piezas capitales de la literatura latinoamericana acumuló, sin buscarlos, un sin fin de premios municipales, nacionales e internacionales. Quizás los más conocidos fueron el Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes, obtenido en l980; el Primer Premio Nacional de Poesía de 1988 y el prestigioso Premio Juan Rulfo de Literatura, alcanzado en l998.
Amiga de las grandes poetisas y escritoras argentinas del siglo XX, mucho se ha hablado de sus relaciones fraternas con Victoria Ocampo y Alejandra Pizarnik. Entre ellas siempre fue acogida como una poeta mayor.

Como el mar en un cuadro
"Ella está sumergida en su ventana/ contemplando las brasas del anochecer, posible/ todavía./Todo fue consumado en su destino, definitivamente/ inalterable desde ahora/ como el mar en un cuadro,/ y sin embargo, el cielo continúa pasando con sus/ angelicales procesiones/ Ningún pato salvaje interrumpió su vuelo hacia el oeste;/allá lejos seguirán floreciendo los ciruelos, blancos, /como/ si nada,/ y alguien en cualquier parte levantará su casa/ sobre el polvo y el humo de otra casa (...)/, declaraba en su poema Mujer en la ventana y casi parecería como si hablara de su propia existencia.
Nacida en Toay, La Pampa, el l7 de marzo de 1920, tuvo una infancia feliz y alegre en una casa quinta rodeada de árboles frutales, pájaros y flores. Olguita, como le llamaban sus amigos, aprendió a construirse desde pequeña un mundo propio de magias y esoterismo. De grande ya redactaba horóscopos para varias publicaciones, tiraba las cartas del Tarot y practicaba el espiritismo para "conversar" con sus seres queridos ausentes. Quizás ello explica el gusto por las historias de fantasmas y aparecidos que le contaba su abuela María Laureana.
Su padre era un siciliano que pisó América en el 1900. Su madre, una chica preparada para el matrimonio de la sociedad de San Luis. En 1936, la familia se instala en Buenos Aires, donde Olga se graduará de maestra y continuará estudios en Filosofía y Letras. Allí conoce a los poetas Nora Lange y Oliverio Girondo, con quienes comienza a introducirse en el mundo de la intelectualidad porteña. Para entonces, también conocerá a Enrique Molina y Alberto Girri, entre otros. Con muchas de estas voces integrará la llamada "generación poética del 40" y colaborará con la revista Canto.
Sus labores literarias también las desempeño, en esta época, junto a su quehacer como actriz de radioteatros. Se cuenta que su voz profunda era la ideal para hacer papeles de madre dolida, de perversa y de bruja.
La primera ocasión que vi a Olga Orozco, durante un café literario, dirigido por la poeta Josefina Arroyo, en l998, le escuché decir que coleccionaba piedras. Escribía sus poemas rodeada de una piedra negra que le regaló su primer amor; otra de Sicilia, obsequiada por su padre, y una pequeña de San Luis, donde se crió su madre, porque la ayudaban a evocar momentos de su vida y le daban fuerzas y energías para seguir insistiendo ante la cuartilla muda. En aquella ocasión confesó que escribía para contestar sus propios interrogantes porque creía que la poesía era eso: "una permanente pregunta".
Olga no sólo coleccionó amores y lectores incondicionales, sino también amigos en toda Latinoamérica. Su desaparición física, a fines de 1999, después de un mes de agonía en coma profundo, atravesando pesadillas y vigilias sin memorias, consternó a todo el mundo intelectual. No sin razón, Juan Gelman, durante la presentación que hizo de la obra orozquiana para la entrega del Premio Juan Rulfo de Literatura, había advertido ya que: "su poesía no admite el consuelo de la razón y se convierte así en consuelo del amor. De tanto laberinto recorrido Olga ha visto que la belleza nos ciñe en su trama y nos rehace".
La labor creativa de esta poeta y el embrujo de sus palabras- por transparentes y profundas- terminan por hechizarnos y convertirnos en mejores seres humanos. Sin dudas, consiguió, como se lo propuso: "trastornar todos los tiempos, confundirlos, barajarlos; resucitar a los muertos; vivir otras vidas".

1 comentario:

María Victoria Dentice dijo...

Me encantó este artículo sobre Olga. Creo que expresas claramente su aura oscura, la definis en su misterio y profundidad.
Un cariño,
Mvd

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